miércoles, 23 de diciembre de 2015

Análisis post 20D



Este pasado domingo 20 de diciembre fueron Elecciones Generales. Sí, por si no lo sabías, bienvenido al mundo real. Para aquella gente despistada o que haya pasado desde el sábado en una cueva, los resultados fueron los siguientes:

PP: 123 escaños con 7.215.530 votos (63 escaños menos y 3.615.163 votos menos que en 2011)
PSOE: 90 escaños con 5.530.693 votos (20 escaños menos y 1.443.187 votos menos que en 2011)
Podemos: 69 escaños con 5.189.333 votos (42 del partido y 27 de las diferentes confluencias: En Comú-Podem en Catalunya, Compromís-Podemos-És el Moment en la Comunitat Valenciana y En Marea en Galicia)
Ciudadanos: 40 escaños con 3.500.446 votos
ERC: 9 escaños con 599.289 votos (6 escaños más y 342.896 votos más que en 2011)
DL: 8 escaños con 565.501 votos (8 escaños menos y 448.762 votos menos que en 2011, cuando se presentó como CiU)
PNV: 6 escaños con 301.585 votos (1 escaño más y 21.935 votos menos que en 2011)
UP-IU: 2 escaños con 923.105 votos (9 escaños menos y 757.705 votos menos que en 2011, cuando se presentó únicamente como IU)
EH-Bildu: 2 escaños con 218.467 votos (5 escaños menos y 115.161 votos menos que en 2011, cuando se presentó como Amaiur)
Coalición Canaria: 1 escaño con 81.750 votos (1 escaño menos y 61.800 votos menos que en 2011, cuando se presentó como CC-NC-PNC)

Todos estos son los datos objetivos sacados de los resultados. Pero, cuál es la interpretación de estos datos? Vamos partido por partido (NOTA: sólo analizaré los más importantes, dado el desconocimiento de la realidad de algunos territorios y de algunos partidos nacionalistas en concreto):

PP: duro varapalo, aunque todo el mundo se lo esperaba. Las encuestas ya pronosticaban un descenso muy acusado de este partido que se ha acabado produciendo. El desgaste de los recortes, de medidas impopulares y de la gestión de gobierno ha hecho demasiada mella. 

El lado positivo de estos resultados, para el partido, es que han ganado las elecciones y, además, lo han hecho en la inmensa mayoría de provincias (excepto las 4 catalanas, las 3 vascas, 5 de las 8 andaluzas y Badajoz). Por lo tanto, son quienes tienen la obligación de intentar formar gobierno en primera instancia, como partido ganador de las elecciones. Por el lado negativo, precisamente, reside la dificultad de poder gobernar. De poder llegar a salir investido Presidente algún miembro del PP la legislatura sería muy inestable dada la gran dispersión de escaños que ha salido de las elecciones.

PSOE: mejores resultados de los previstos por las encuestas. Ninguna le daba 90 escaños, todas por debajo. Sin embargo, el voto oculto y los indecisos de última hora, en esta ocasión han beneficiado al partido de Pedro Sánchez. Aún así, es la primera vez que, habiendo perdido tantos escaños el partido del Gobierno, el principal partido de la oposición no sólo no lo haya aprovechado sino que, además, haya perdido también representación. Sin duda, el efecto Podemos le ha pasado factura, al igual que también algún voto se ha ido al sector Ciudadanos, aunque la táctica de las últimas semanas de escorar a este partido a la derecha le ha hecho recuperar posibles votantes naranjas. Sigue en caída libre desde el 2008 y falta por ver si este es su suelo electoral o si aún puede bajar más, aunque parece haber tapado algunas de sus vías de fuga de voto.

La parte positiva es que siguen siendo el principal partido de la oposición y, además, el principal partido de la izquierda. La parte negativa es que, precisamente, se desangra el partido por el lado de la izquierda. Ahora mismo tiene una patata muy caliente, porque es quien tiene la llave para poder formar gobierno, sea del tipo que sea, o bien no dar apoyo a ningún partido y que vuelva a haber elecciones.

Podemos: remontada inconclusa. Partían, al principio, en las encuestas, como cuarta fuerza y han ido remontando. Las últimas incluso les llegaban a dar muchos más escaños de los que han tenido finalmente y les situaban, incluso, como segunda fuerza, muy cerca del PP. A la postre, como partido, han sacado 42 escaños y, juntamente con las diversas candidaturas de confluencia, 27 más. En el Congreso falta por ver si formarán un único Grupo Parlamentario o si, como decían, formarán 4 (uno como partido y otro por cada confluencia). Y, además también, en el caso de que formen 4, si todos se regirán por las mismas directrices y tendrán disciplina de voto o, por el contrario, libertad de voto.

La parte positiva, sin duda, es que entrar con 69 diputados partiendo de 0 es un grandísimo resultado, habiendo ganado en 4 provincias y siendo la fuerza más votada en Catalunya y País Vasco (aunque en esta última CCAA logró más escaños el PNV). La parte negativa es que no ha conseguido aquello que se proponía: ser el PSOE, ser la principal fuerza de la izquierda. Además, como reto a tener en cuenta está, precisamente, el hecho de tener que gestionar 4 posibles grupos parlamentarios con la pluralidad que conllevan, sobre todo teniendo en cuenta que en dichas confluencias hay partidos nacionalistas e independentistas. De ahí que las primeras declaraciones que haya hecho Pablo Iglesias vayan en la dirección de que, sin referéndum de autodeterminación en Catalunya no habrá pacto con el PSOE, un guiño hacia Colau, Compromís y las Mareas gallegas.

Ciudadanos: el gran fiasco. Algunas encuestas lo situaban como segunda fuerza y a muy poco de poder, incluso, llegar a ser primera fuerza. De hecho, Rivera prácticamente se veía como Presidente. En cambio, las desafortunadas noticias y declaraciones de las últimas semanas no les han ayudado nada. Su postura en el tema de la violencia de género o decir que apoyarían un Gobierno del PP han hecho bajar su suflé y que posibles votantes de izquierdas voten a su partido original, el PSOE, o bien a la propuesta regeneradora de izquierdas, Podemos.

Como parte positiva, al igual que Podemos, tienen que haber conseguido entrar con 40 escaños partiendo de 0 es todo un logro. Como parte negativa, que teniendo en cuenta las aspiraciones que tenían estos resultados son un gran fracaso, más si tenemos en cuenta que no son la llave decisiva para formar un gobierno a dos bandas.

Unidad Popular-IU: los grandes damnificados del sistema electoral. Mientras que al PP un escaño le cuesta 58.000 votos a UP-IU le ha costado 460.000 votos. Han perdido votos en favor de Podemos y, además, han sido menospreciados en todos los debates que ha habido a escala nacional.

La parte positiva que tienen es que han hecho una muy buena campaña. Y que, además, teniendo en cuenta el auge de otro partido de izquierdas, han conseguido mantener representación en el Congreso.

ERC y DL: por un lado, ERC no ha conseguido su objetivo que era ser el partido más votado en Catalunya, aunque sí ha tenido un espectacular aumento de votos. Por otro lado, DL no ha conseguido soltar el lastre de los recortes en la Generalitat y de ser Convergència, por mucho que hayan querido enmascarar el nombre. En conjunto han conseguido 17 escaños de los 47 que se disputaban y un 31% de los votos. Y, además, han perdido 472.000 votos respecto a la candidatura de Junts pel Sí que presentaron a las elecciones catalanas. Muy lejos, por lo tanto, de la mayoría independentista que querían para entrar en el Congreso (NOTA: hablo de mayoría independentista, que es el factor diferencial de su programa, no de mayoría a favor del referéndum).


¿Y ahora, qué?
Con este panorama, se abren diversas posibilidades:

    1. Por un lado, la Gran Coalición, que se puede dar en dos situaciones diferenciadas: voto a favor de PP y PSOE a un candidato o candidata del PP, o abstención del PSOE que facilite la investidura. Por un lado daría cierta estabilidad dado que la suma de los escaños es muy grande y podría facilitar pactos de gran envergadura. Por otro lado, hoy por hoy, que el PSOE pacte con el PP y facilite que éste gobierne sería la muerte política del PSOE y le servirían en bandeja de plata a Podemos ser el referente en la izquierda. Se podría convertir en un PASOK griego y que Podemos fuese la Syriza española. Máxime cuando Pedro Sánchez llamó indecente a Mariano Rajoy en campaña y cuando se han hecho críticas tan duras a la gestión de estos 4 años de gobierno. Además, en los últimos días, desde el PSOE se ha repetido hasta la saciedad que no darán su apoyo al PP.

    1. Pacto a la portuguesa. Es decir, que se junten los partidos de izquierdas que no han ganado las elecciones y hagan Presidente al líder del partido de izquierdas más votado, en este caso Pedro Sánchez. Para ello no sólo necesitaría a Podemos, sino a UP-IU y también a los partidos nacionalistas vascos  y catalanes (PNV y ERC). Dado que el PSOE no está por la labor de facilitar el referéndum catalán, es complicado que se pueda dar este pacto, ya que parece ser que la condición sine qua non que Podemos marca para dar su apoyo es precisamente esta. Antes, incluso, que medidas de regeneración democrática o de impacto social, cosa que hace pensar que es más una estrategia a corto plazo para contentar a sus confluencias que no a largo plazo ya que estarían dejando de lado su principal razón de ser y eso podría hacer que, de perdurar en el tiempo y enrocarse aquí la cuestión y no avanzar en temas sociales, su voto se perdiera en favor del PSOE.

    1. Un Presidente independiente. Un caso que está empezando a plantear Podemos y que sería similar a lo que ya ha sucedido en Grecia o Italia. En ambos casos ya vimos cómo acabaron. El lado bueno es que ningún partido saldría perdiendo, en caso de tener que aplicar medidas impopulares, excepto aquel o aquellos que lo hubiesen promovido. El lado negativo es la legitimidad democrática que tendría al no haber sido votado en las urnas.

    1. Pacto de cambio y regeneración. Es decir, una suma de PSOE, Podemos y Ciudadanos. Abriría la posibilidad de que promovieran medidas de regeneración democrática que tanto se han proclamado. Pero aquí residen diversas dificultades: por un lado la línea roja que marca Podemos con el referéndum catalán que no aceptarían ni Ciudadanos ni PSOE y, por otro lado, lo complicado que sería que dos partidos de izquierdas impulsasen medidas con un partido de derechas.

    1. Nuevas elecciones. Es un escenario que nunca se ha dado pero que, por primera vez, tampoco se descarta. Dada la actual situación de posible ingobernabilidad si, transcurridos dos meses desde la primera votación de investidura, nadie ha salido elegido ni con mayoría absoluta ni con mayoría simple (más votos a favor que en contra), se convocarían nuevas elecciones. Es un escenario que, en principio, nadie desea, pero que sí que es verdad que favorecería a algunos partidos como el PP (normalmente el voto conservador suele ser voto que quiere tranquilidad y estabilidad. Muchos votantes del PP se han pasado a Ciudadanos porque pensaban que podía ser alternativa real de gobierno y, visto que no ha sido así, volverían al PP) y Podemos (dependiendo de cuál sea finalmente su estrategia y, sobre todo, la del PSOE podría quitarle aún más votos al partido de Pedro Sánchez y acabar de concluir su remontada).

A todo este análisis, además, hay que añadirle una coletilla: el Senado, ese gran olvidado. De los 208 senadores en juego el PP ha conseguido 124. Es decir, mayoría absoluta. Por lo tanto, y según la propia Constitución, para hacer reformas constitucionales se necesita, por lo menos, mayoría absoluta del Senado (art. 167.2). Es decir, todas aquellas reformas constitucionales que se querían plantear, hoy por hoy, es complicado que se realicen. Y, además, en caso que se forme un gobierno donde el PP no participe éste podrá hacer del Senado su fortín para obstaculizar la aprobación de las leyes que emanen del Congreso.

Estos han sido los resultados electorales y este mi humilde análisis. ¿Qué acabará pasando? Es tan incierto como inciertos podían ser los resultados electorales antes del 20D. De ahí que las empresas demoscópicas hayan tenido un fracaso tan grande a la hora de realizar encuestas. Lo que sí sabemos seguro es que se avecinan tiempos de diálogo y pacto, y que éstos no serán, para nada, sencillos. Hoy por hoy parece que llegar a un acuerdo será complicado, pero dos meses de negociaciones son muy largos y, lo que ahora son líneas rojas, en dos meses pueden ser líneas franqueables, siempre que haya voluntad de pacto. Bienvenidos a la fiesta de la democracia.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Quiero la independencia



Pues sí, quiero la independencia. Después de haberos estado dando la murga por las redes sociales diciendo que estaba en contra he reflexionado muy profundamente y me he dado cuenta que no, que lo que quiero es la independencia. Que el día 27 vamos a votar y es nuestra hora, es el momento de decir que nos queremos separar. Y que tienen razón aquellos que dicen que, en estas elecciones, depositaremos el voto de nuestra vida.

Porque es nuestro momento. Es la hora de decir que nos queremos independizar de chorizos y corruptos. De los de la trama Púnica, las preferentes y los de la Gürtel. De los de las ITV, el Caso Innova y el Cas Palau. De Bárcenas, de Granados y de Blesa. De Pujol, del 3% y de todas las sedes de Convergència que están embargadas. De los que se envuelven en banderas y exacerban el sentimiento patrio, unos diciendo que Espanya ens roba y otros diciendo que España es lo mejor, mientras tienen sus cuentas en Suiza o Andorra.

Quiero independizarme de todos aquellos que utilizan el anticatalanismo como arma electoral para ganar votos en Andalucía, Murcia o Extremadura. Pero también de los que utilizan el antiespañolismo para ganar votos en Girona, Berga o Vic.

Exijo ya la independencia de todos aquellos que han generado este clima de confrontación que hace que los que no pensemos de una determinada manera seamos tildados de fachas por los unos y de independentistas por los otros. A todos aquellos que se quieren cargar el término medio, aunque aquí estamos y resistimos. Porque el diálogo, el pacto y la reforma debería ser el camino.

Independencia de aquellos que manipulan la historia para confeccionarla a su gusto y manera tanto con los hechos de 1714 como diciendo que España es la nación más antigua del mundo. Hay que tenerlos bien puestos.

Independencia de medios de comunicación como TVE o TV3 que parecen más el NO-DO que un servicio público de información que pagamos todos y todas. Repito, todos y todas. Pero también de quienes dictan o quieren dictar a los medios qué contenidos tienen que dar y cuáles no. Porque un medio de comunicación tiene que ser ecuánime y hacer que se pueda escuchar la voz de todo el mundo, tenga la ideología que tenga.

Independencia de quienes se han cargado la educación y la sanidad. De los que lo han hecho desde el Gobierno central, pero también de los que lo han hecho desde el Govern porque, recordemos, estas competencias Catalunya las tiene transferidas. De los que cierran plantas de hospitales en pleno verano y de los que privatizan el Hospital Clínic mientras dicen que solos nos lo montaríamos mucho mejor. Hay que tener mucho estómago para decirlo. Pero independencia también de los que han aumentado la ratio de alumnos por aula, de Wert y su LOMCE y de los que quieren españolizar a los niños catalanes.

Independencia de los que nos quieren hacer creer que la independencia es magia y que todo lo soluciona. De los que niegan los riesgos que podría tener. De los que mienten para hacer más de color de rosa esa solución mágica diciendo que no saldríamos de la UE cuando los tratados, las resoluciones del Comité de las Regiones y los líderes europeos dicen que sí. De los que nos quieren hacer creer que el dinero nos saldría por las orejas y que tendríamos unos servicios con los que seríamos la envidia hasta de los países nórdicos.
Pero también de los que quieren quedarse inmóviles. De los que creen que este problema no va con ellos o de los que se piensan que utilizando la Constitución como sancta sanctorum ya es suficiente. Y de los que no quieren cambiar las reglas de juego. Hay que hacerlo, y ya estamos perdiendo demasiado tiempo.

Independencia de los que votan la reforma laboral y la amnistía fiscal juntos y luego se tiran la vajilla, la cubertería y la cristalería a la cabeza. De los que bailan y han bailado el agua a todos los gobiernos centrales, incluso los que decían que hablaban catalán en la intimidad cuando no era cierto, y ahora echan pestes de su legado. De los que nos envían a servir cafés a Londres y de los que, cuando los jóvenes no tenemos otra salida que la de irnos al extranjero, nos dicen que eso es movilidad exterior.

Independencia de los cobardes que se esconden en el número 4 de la lista electoral para no tener que rendir cuentas de la pésima gestión de su gobierno. Pero también de los cobardes que se parapetan tras televisiones de plasma para no tener que responder las preguntas de los periodistas sobre su, también, pésima gestión de gobierno.

Sí, quiero la independencia. Pero no de alguien que viva en Huesca, Almería o Badajoz. Gente con la que podría tener mucho más en común que con muchos catalanes. Sino de los arriba mencionados. De todos estos políticos y entidades que nos han llevado hasta este extremo. De todos los que gobiernan para unos cuantos y no para todos. De los que sólo tienen en la cabeza una bandera mientras el paro sigue estando por las nubes, mientras la pobreza infantil sigue estando a niveles inasumibles y mientras miles de familias no llegan a final de mes. De todos los que, en estas elecciones, no hablan de otra cosa que no sea independencía sí o no y no hacen ni una propuesta social para mejorar el presente de las miles de familias que lo están pasando verdaderamente mal. De todos ellos, independencia. Pero no porque me largue yo, que yo aquí estoy muy bien, sino porque los echemos a ellos. A todos. Bien lejos.

Independicémonos. Liberémonos de ellos. Y constuyamos, entre todos, juntos, una Catalunya mejor. Más social, más justa, más igualitaria. Y hagamos, también entre todos, una España diferente, donde todo el mundo tenga su lugar.