martes 11 de agosto de 2009

Adiós, Dani


Sábado, 8 de agosto. 22:30 horas. Me vienen a buscar tres amigos para salir por la noche por el pueblo. Al ver mi cara se sorprenden y me preguntan: “Andrés, ¿qué te pasa?” Después de que lo repitieran tres veces y, como pude, contesto lo que una hora antes me había dicho Stuart sorprendido en llamada telefónica desde Barcelona y que, después, pude corroborar escuchando la radio: “Dani Jarque, el capitán del Espanyol, ha muerto”. No me lo quería creer y sigo sin querer creérmelo. No podía ser que el chico al que había visto jugar hacía apenas cinco días, al que le habían dado la capitanía hacía apenas veinte días, al que le tocaba ser padre apenas dentro de un mes, hubiera muerto. No podía ser. No podía ser que uno de los mejores jugadores del actual Espanyol, un chico de apenas 26 años, un chico en plena forma, sano, fuerte, hubiera muerto. No podía ser. Pero era cierto.

Al poco tiempo comienzan a llegar los primeros mensajes y llamadas de móvil, dando ánimos, de diferentes amigos: Alberto, Irina, Sònia, Adrià, Laia, Gemma, Magda… pero seguía sin querer creérmelo. E instantes después, como si fuera un presagio, comienza a llover muy fuerte. Tormenta. El cielo lloraba su muerte. Pero al igual que me daban señales de ánimo, también había quien, por egoísmo, falta de sentimentalismo o por algún motivo X, decían “¿y estás así por eso? ¡Pero si sólo era un futbolista!”

No. No era sólo un futbolista. Aunque no lo conocía personalmente, lo había visto en directo en varias ocasiones y Dani se hacía querer aunque no lo conocieras. No era un simple futbolista de esos de los que se suele decir que “pasan por un equipo”. Dani sentía los colores y era de esos futbolistas que, como pasa también con Raúl Tamudo, todo niño sueña ser cuando sea mayor. Dani era un ejemplo de espanyolismo. Dani había pasado catorce años de su vida dedicándolas al Espanyol. Desde los 12 años. Era un ejemplo de saber hacer tanto dentro como fuera del campo. Por eso Mauricio Pochettino lo había designado capitán. Y es por eso que Vicente Del Bosque pensaba llamarlo este año a la Selección. Estaba considerado uno de los mejores centrales de la Liga española. Y junto con Nico Pareja hacían una dupla difícil de quebrar. Ahora esa dupla se ha quedado medio huérfana. La prueba de que no era tan sólo un futbolista la encontramos en que aficiones contrarias como las del Barcelona, el Real Madrid, Betis, Sevilla, Atlético, etc. han mostrado su dolor incluso yendo al improvisado altar que se le ha hecho en la puerta 21, el número de su dorsal, del nuevo Estadio de Cornellà-El Prat, el que él inauguró en el único partido en el que pudo ser capitán. El mismo Estadio que, estoy convencido, llevará su nombre. Se lo merece. Porque Dani lo ha dado todo, literalmente, hasta la muerte, por el Espanyol.

Un paro cardíaco, de esos que no se pueden prevenir, se nos ha llevado a Dani Jarque. Un maldito paro cardíaco de un chico que está, perdón, estaba mucho más sano que muchísima otra gente que vive muchos más años. Un maldito paro cardíaco que se ha llevado a una buena persona, que nunca tenía un “no” cuando alguien se le acercaba por un autógrafo o una foto y que, aunque tímido, siempre respondía a las preguntas de los periodistas o siempre estaba dispuesto a salir en una rueda de prensa.

Y ahora es cuando tanta gente se pregunta: “Si Dios existe, ¿por qué se lleva a personas como Dani, tan buenas, y deja a otras que sólo hacen mal a la sociedad?” Eso nunca lo sabremos.

Hoy se abre la capilla ardiente en el nuevo Estadio con el cuerpo de Dani. Me gustaría haber estado. Pero no ha sido así. Así que, Dani, te dedico este escrito. Y ten por seguro que si marco algún gol (soy defensa, como tú) en el Campeonato de este verano, te lo dedicaré. Tenlo por seguro.

Aunque sigo sin querer creérmelo. Quiero pensar que todo es una broma y que, la próxima vez que vaya a un entreno o a un partido del Espanyol, ahí estará Dani, con su pelo largo recogido con una cinta y su sonrisa detrás de la barba de unos cuantos días. Y que le pediré una foto junto a él y me dirá que “venga, va”. Y sé que estará. Aunque no de cuerpo presente. Pero estará. Porque él nunca nos abandonará.

Descanse en paz Daniel Jarque. Eterno capitán. Eterno 21. Eterno Dani Jarque.

miércoles 17 de junio de 2009

La sanidad norteamericana: ¿modelo a seguir o modelo de marginación?

Como todo el mundo sabe, en Estados Unidos hay la mejor sanidad (en términos de efectividad a la hora de curar), posiblemente, de todo el mundo. De hecho, cuando alguien está tan enfermo que es muy difícil su curación, el recurso suele ser irse a Estados Unidos, porque en este país suelen estar los mejores especialistas de todas las materias. No importa dejarse mucho dinero en el intento, porque sabes que si allí no te lo curan, con total probabilidad, lo que tengas va a ser incurable.

Este sistema podría ser muy bueno y muy positivo si de él gozaran todos los habitantes de Estados Unidos. Pero no es así. El sistema sanitario norteamericano está hecho, más bien, para clases sociales con un cierto poder económico. Allí nada es gratis. Todo es privado. O pagas o no tienes derecho a la sanidad. Allí no tienen un sistema de salud como, por ejemplo, el Sistema Nacional de Salud de España. Y hablar de Seguridad Social es pedir demasiado.

Pero, obviamente, todo puede cambiar. Aunque, en este caso, pocos visos de cambio se ven, a parte de algunas tímidas reformas, sobretodo por parte del Partido Demócrata cuando llega a la Presidencia de los EEUU. Porque, con el Partido Republicano, se podría aplicar aquel refrán que dice aquello de “no le pidamos peras al olmo”. Pero claro, es comprensible. Si miramos quién financia parte de las campañas electorales tanto de un partido como de otro, no es de esperar que en el ámbito de la sanidad no se desprivatice nada. Y esta financiación no viene de otro lado que de las empresas farmacéuticas, multinacionales, etc. Y, claro, sería un suicidio para el Presidente de turno, cuya campaña ha sido financiada por estas empresas privadas, hacer una ley cuyo objetivo sea desprivatizar este sector. ¿De dónde sacaría entonces la financiación?

Además, hay que contar con que las clases más influyentes en el panorama norteamericano son estas mismas que financian las campañas electorales: empresas farmacéuticas, compañías de seguros... e, incluso, la patronal. Y estas clases son las que, precisamente, no quieren que se les vaya de la mano el negocio sanitario, aunque gran parte de la población (la que no tiene tanto poder económico) demande un servicio sanitario igualitario, eficaz y equitativo. Las empresas farmacéuticas no lo quieren porque así pueden competir mejor con sus rivales, es decir, si sacan un medicamento novedoso y muy bueno lo comercializarán a un precio al que puedan sacar los máximos beneficios posibles. Las compañías de seguros y la patronal por el hecho que cuando alguien consigue un trabajo tiene derecho a que él y su familia tengan seguro médico. Pero eso es un arma de doble filo, puesto que si pierden el trabajo, pierden también el seguro para el trabajador y su familia. Por tanto, la empresa puede garantizar la producción y el trabajador puede ver restringida la movilidad hacia otros empleos por miedo a perder la cobertura médica.

Sin duda, todo esto tiene que cambiar. No puede ser que un país que dice tener la mejor sanidad, 46 millones de personas no tengan acceso a ella. Ahora Obama dice que quiere ampliar la sanidad a un espectro más amplio de la población. Que los norteamericanos recen para que lo consiga.

sábado 14 de febrero de 2009

El futuro sanitario.


El sistema sanitario español se encuentra en un momento el cual podríamos denominar “crítico”. En un período de crisis económica, en el que el sistema económico tanto español como mundial no es nada bueno, se pretende que la sanidad pública española continúe ofreciendo las mismas gratuidades o, incluso, más servicios gratuitos. Ese montante económico no es posible de asumir por las arcas públicas, debido al fuerte gasto que ya realizan en este servicio.


La sanidad es el servicio público al cual se destina una partida presupuestaria mayor y, aún y así, debería tener una mayor financiación para dar un servicio más acorde a las necesidades de la población. Es por ello que se han dado dos alternativas al sistema sanitario español actual: el copago y el sistema mixto, o lo que es lo mismo, o un sistema en el cual tienes que pagar un precio simbólico sobre el servicio que consumes, o bien un sistema en el cual es una empresa privada quien construye y gestiona los hospitales hasta que tiene beneficios y, entonces, son traspasados al gobierno autonómico.


Países como Finlandia (país puntero en sanidad y bienestar social), Alemania o Suecia tienen un sistema de sanidad con copago y son de las mejores sanidades de Europa y del mundo tanto en el ámbito de los profesionales (médicos, farmacéuticos…) como en el de los usuarios. Y, ¿por qué no se implanta aquí también un sistema así si es tan bueno? Por el profundo rechazo que provocaría en la masa social el hecho que ahora, por un servicio público como la sanidad, se tenga que pagar mientras hasta ahora ha sido gratuito. Pero, más que nos pese, si queremos seguir teniendo un sistema sanitario de calidad, equitativo y eficiente, tenemos que hacer un esfuerzo. Y, si ese esfuerzo es económico, se tendrá que hacer. Lo que no es posible es que queramos tener lo mejor y que, además, sea gratis.

Otro “punto negro” que resolvería este sistema sería la masificación. En España se va al médico una media de casi 10 veces por persona y año, muy por encima de la media de los países de la OCDE, donde van 6,8 veces. Según los expertos, nos estamos convirtiendo en una sociedad medicodependiente. A veces vamos al médico por el simple hecho de que es un servicio gratuito y eso repercute mucho en las arcas de la sanidad pública española. En cambio, con el sistema de copago, el hecho de pagar cada vez que se va al médico o al hospital, haría que la gente se lo pensara mejor y eso contribuiría a la reducción de la masificación en ambulatorios y urgencias hospitalarias.


El sistema mixto, por otro lado, consta de hacer que una empresa privada construya y gestione los hospitales y los centros de salud de un ámbito geográfico determinado por un determinado periodo de tiempo. A cambio, el gobierno autonómico, paga lo que se llama, el sistema capitativo, es decir, una cantidad de dinero fija por cada usuario adscrito a esa zona, independientemente del uso que hagan del servicio. Al finalizar ese período de tiempo, la concesión la toma el gobierno autonómico. Este modelo se lleva implementando en la localidad valenciana de Alzira desde hace diez años y se ha extendido por más zonas valencianas e, incluso, por la Comunidad de Madrid.

El objetivo de este sistema es trasladar la eficiencia del sistema privado al sistema público y, también, sanear las arcas públicas y aliviarlas del gasto que supone construir y gestionar hospitales.


Pero, los detractores de este sistema argumentan que, a raíz de aquí, se puede ir a un estado de privatización de la sanidad. Además, sostienen que este sistema tampoco es tan barato para las arcas públicas.

Aún y así, un estudio de la propia Generalitat Valenciana dice que gran parte de los usuarios, el 91%, valora muy satisfactoriamente el sistema de gestión mixto.


En mi opinión, tanto debe importar el nivel de satisfacción que den los usuarios al sistema, como el dinero que se ahorren las arcas públicas, y más, en tiempos como los actuales, marcados por la crisis económica y financiera. Así pues, según mi opinión, el sistema que mejor se adapta a este entorno es el del copago.

Un sistema donde se tenga que pagar un precio simbólico, no abusivo, a cada paciente por el hecho de ir a consulta y que, con este dinero se autofinancie la sanidad, es una buena medida para dar un respiro a la financiación sanitaria y, de paso, descongestionar las consultas de los médicos y de los hospitales. Gente que va al hospital porque simplemente tiene un resfriado se lo pensaría mejor a la hora de ir e iría, seguramente, a los centros de atención primaria.

Ahora bien, este pago no debería ser el mismo para todo el mundo. Debería ir en función de la renta de cada persona. Es decir, aquel que tenga una renta superior, pagar más que el que tiene una renta muy baja. Así se podría cumplir con los principios de equidad y eficiencia.

jueves 27 de noviembre de 2008

A vueltas con Bolonia.

Desde hace 7 días, en la Universidad de Barcelona, un grupo de estudiantes están encerrados pidiendo, entre otras cosas, parar la implantación del Plan Bolonia porque, según esgrimen, hará que la universidad se privatice, que los estudiantes se tengan que hipotecar para pagarse los futuros másters, la excesiva carga de trabajo y el no poder compaginar estudios y trabajo, etc.

Pero, ¿de verdad eso es Bolonia? La respuesta es muy simple: NO.

La declaración firmada en el año 1.999 por 29 países europeos (hoy 47) por la que se creaba el Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES), más conocido como “Plan Bolonia”, lo que pretende, y cumple, es crear un espacio universitario europeo que permita la libre circulación o movilidad de los estudiantes por todas las universidades de Europa (es decir, poder comenzar la carrera en la UPF de Barcelona, seguirla en la Sapienza -Roma- y hacer el máster y el doctorado en Oxford, por ejemplo). También lo que busca es el reconocimiento de las titulaciones en todos los países que forman parte del EEES. Alguien dirá, “vale, muy bien, pero antes también se podía comenzar la carrera en una universidad y terminarla en otra”. Sí, claro, pero no se tenía las facilidades que habrá ahora. Pongamos, por ejemplo, que un/a estudiante de 1º de Humanidades quiere hacer los tres años que le restan en Roma... ¿puede? Sí. Y, además, el año que ha hecho en la UPF (por ejemplo) le convalidará en la universidad que escoja para acabar la carrera. Antes eso no tenía por qué ser así, es decir, podía ocurrir que el año que había hecho no se lo convalidaran y tuviera que volver a hacerlo. ESTO es Bolonia. El resto de cuestiones que ahora están de relieve y de la cuales se está en contra no forman parte de las directrices del EEES y, por ende, del Plan Bolonia.

Los problemas surgidos a raíz del Plan Bolonia son varios. Sobretodo, el problema por excelencia, la financiación.
Este no es un problema nuevo y, ni mucho menos, lo es por culpa de Bolonia. La Universidad española viene arrastrando problemas de financiación desde hace décadas y, eso si que es cierto, Bolonia lo ha agudizado. El Gobierno ya dijo que no destinaría ni un euro más de lo que ya destina a las universidades, para implementar el Plan Bolonia. Eso, en tiempos de crisis, como los actuales, se agudiza, ya que los presupuestos destinados a las universidades puede que no suban tanto como estaba previsto. Pero eso no es culpa de Bolonia, sino de la escasa financiación que ha tenido la Universidad desde siempre.

Otro problema es la falta de política de becas en nuestro país. En España no hay una clara política de ayudas económicas a los estudiantes para poder estudiar, hecho que hace que estemos muy por detrás con respecto a otros países que han implantado ya el EEES y con los que se quiere competir. Pero eso, tampoco es culpa de Bolonia.

Uno de los puntos más candentes, actualmente, es la posibilidad de que los estudios se vean encarecidos. Problema que se le achaca a Bolonia, pero que, en realidad, no tiene ninguna culpa. Bolonia no fija ni los precios de las matrículas de las universidades ni tampoco las tasas. Eso es competencia de la Administración central y de las Comunidades Autónomas. Y, es más, las universidades ya han salido a la palestra diciendo que, en ningún caso, los másters serán más caros, sino todo lo contrario, tendrán precios públicos, cosa que hasta ahora no pasaba.

Además, añadido al punto anterior, está el rumor de la privatización de las universidades. Eso ha sido desmentido tanto por los rectores de las universidades como por los políticos. En ningún documento relativo al EEES se habla de la privatización de las universidades.

Por último, otra de las principales críticas es la del excesivo trabajo que suponen tantos seminarios. Y, para los críticos al Plan, éste es uno de sus principales terrenos de batalla. Pero otro terreno equivocado. Bolonia no establece una metodología de estudio. Lo que sí marca son unos criterios comunes, es decir, que las titulaciones están compuestas por grados, máster y doctorado y, para completar el ciclo se deben cursar un número determinado de créditos. En España el número de años fijado para los grados es de 4 y, por lo tanto, los créditos ascienden a 240, y los máster un año. Pero esto no lo ha marcado Bolonia, sino el Gobierno central. Y, dentro de este panorama, cada universidad tiene flexibilidad para poner unos métodos de estudio diferentes (horarios, itinerario, enseñanza a distancia...).

Todo este lío viene dado por, sobretodo, los errores que se han ido cometiendo desde el año 2.004 cuando la ministra San Segundo (PSOE) dijo que algunas carreras como Historia del Arte o Humanidades desaparecerían, pero que luego resultó no ser así al rectificarse. Ahora también se ha anunciado una rectificación para informar mejor. A ver qué pasa.

En mi opinión, las críticas están bien formuladas y con mucho y buen fundamento, pero mal, muy mal, dirigidas. En vez de hacerlo contra Bolonia se debería hacer contra la Administración, ya sea la central, la autonómica, o la que corresponda, pero no contra un Plan que lo único que hace es facilitar la movilidad entre universidades y que los títulos valgan igual en todos los países que están dentro del EEES. Con esto quiero decir que, a parte de estar a favor de las críticas, también estoy a favor del Plan Bolonia.

Ambas cosas no son incompatibles.

lunes 29 de septiembre de 2008

Crónica de lo que fue y no tuvo que ser.


Gentuza, indeseables, majaderos, púrria, cerdos, imbéciles... no hay otra manera de nombrar a los energúmenos que han protagonizado las portadas de las secciones de deporte desde el domingo al finalizar el partido disputado en el barcelonés Estadio Olímpico de Montjuïc – Lluís Companys, el R.C.D. Espanyol – F.C. Barcelona. Y no me refiero a los futbolistas que estuvieron presentes en el partido por parte de los dos equipos. Tampoco por el árbitro. Ni por los banquillos. Ni por las directivas. Ni por la afición del Espanyol. Me refiero a los estúpidos que se cargaron el partido en el minuto 25 de la segunda parte lanzando bengalas, botellas y objetos diversos contra los aficionados del Espanyol. Me refiero a los seguidores del F.C. Barcelona, a los “Boixos Nois”. Individuos, por llamarlos de alguna manera, que empañaron el, hasta el momento, intenso encuentro que se disputaba. Se vieron escenas que recordaban a la liga argentina, la brasileña, la peruana o la italiana, siempre tan criticadas por su falta de seguridad en los estadios. Escenas de partidos aplazados, de aficiones enfrentadas, de violencia en un espectáculo donde la gente, en teoría, va para divertirse y no para matar a los adversarios.

Y, una vez transcurridas unas horas de estos fatales hechos, todos nos preguntamos: ¿por qué se llegó a tal extremo? ¿por qué se dejó entrar al Estadio a tales personajes? ¿por qué los Mossos d’Esquadra que rodeaban la zona donde estaban los Boixos no hicieron nada cuando vieron que se lanzaban las bengalas?

Se lo contaré de la manera más reducida posible. Todo comienza antes del partido. Días antes, en la página web de estos personajes, se hace un llamamiento para que la hinchada culé vaya a despedir “como se merece” a los periquitos en su último derby en la ciudad condal (recordar que, a partir del próximo año, el Espanyol jugará en el nuevo Estadio de Cornellà-El Prat). Ese “como se merece” no hace referencia, obviamente, a despedir al Espanyol con aplausos y ovaciones. Sino de la manera que pretendían... y que consiguieron. Eso, la Comisión encargada de velar por la seguridad en el partido, (formada por el RCD Espanyol, la seguridad privada y los Mossos d’Esquadra) lo sabía. Parece ser que no sirvió de mucho. Posteriormente, minutos antes del encuentro, delante del Estadio, algunos de estos personajes ya se dedicaban a lanzar bengalas con los Mossos delante. Y los Mossos no hicieron nada. Al entrar al estadio (almenos a los que vamos y entramos por los sectores del lateral) en el preceptivo control, realizado por los Mossos y la seguridad privada, nos abren las mochilas y no nos dejan entrar con botellas (ni que sean de plástico). No sé cómo debió ser el control a esta gente… pero seguro que no fue lo suficientemente bueno. Más tarde, a los 10 minutos de haber empezado el encuentro, y tras haber visto, mediante las cámaras de circuito interno del estadio, que diversos aficionados portaban bengalas, el R.C.D. Espanyol advirtió a los Mossos d’Esquadra para que hicieran algo. ¿Ustedes vieron que se movieran? Tranquilos, yo tampoco. Y, después, pasó lo que pasó. Es decir, lo que ven en la imagen.

Fue una lástima terminar un partido viendo cómo unos niños pequeños de apenas 8 años lloran porque no entienden que unos se discutan con otros, les tiren cosas por la cabeza, etc., etc. Es muy triste y tendría que hacer reflexionar a mucha gente. Y tomar las medidas que sean oportunas.

Una vez dicho todo esto ustedes piensen lo que quieran: de quién es la culpa, lo que se debería hacer, etc.

Por último, algun@ echará en falta un comentario sobre lo que pasó en el terreno de juego por mi parte. La verdad es que no sé qué decir a parte de que fue un soberano robo a mano armada con premeditación, nocturnidad y alevosía por parte del árbitro del encuentro, el señor Luis Medina Cantalejo. Primero por la expulsión de Anderson Luis de Carvalho “Nené”. Expulsión que fue y que no debió ser ya que él estaba saltando y con los brazos estirados cuando el jugador del Barcelona, Busquets, fue a su encuentro y se dio el golpe en la cara. Segundo por la ristra de faltas que no fueron y que debieron ser del Barcelona como, por ejemplo, las 3 que le hicieron al portero del Espanyol, Kameni. Tercero, por el penalti sobre Eto’o que fue y que no debió ser ya que Nicolás Pareja (defensa del Espanyol) toca al balón antes de darle al jugador azulgrana. Y eso nunca es penalti. Y menos en el último minuto del tiempo añadido de un partido.

Pero, en fin, eso nos pasa por ser humildes y jugar contra los grandes. Y eso pasa y seguirá pasando hasta que no se profesionalice a los árbitros de, por lo menos, Primera División. Si no, equipos como Espanyol, Mallorca, Osasuna, Numancia, etc. estamos condenados a vivir en el ostracismo de los grandes y a que siempre se nos pite en contra cuando jugamos contra ellos.

No quiero parecer victimista, pero es la realidad.

jueves 4 de septiembre de 2008

¿Quieres morir?

Sí, ya sé que suena muy chocante el título de éste artículo, pero cuando lo lean sabrán por qué lo he puesto. La verdad es que no sé por dónde comenzar el artículo. Posiblemente sea el que más me cuesta comenzar. Y posiblemente será el que más gente odiará. Es más, después de leerlo, algunos de los que lo lean me odiarán un poquito más de lo que ya lo hacen.

Este artículo trata sobre la rabia que me da ver a la gente que aprecio y que quiero autodestruirse sin más, porque les gusta o por, lo que algunos llaman, “necesidad”. Me refiero al hecho de fumar.

Según unos estudios realizados por diversas empresas, la gente empieza a fumar cada vez más pronto, a los 13 años. Y yo me pregunto: ¿por qué? ¿qué necesidad hay de que se autoinfrinjan ese daño? Algunos lo hacen por hacerse el chulo, cosa, por cierto, estúpida a más no poder. Otros, afirman que lo hacen porque les gusta... a lo que mi alocada mente vuelve a la carga con otra sarta de preguntas como, por ejemplo: ¿a quién le puede gustar algo que está hecho con el mismo material con el que se hacen las calles o las ruedas de los coches, es decir, el alquitrán? o ¿a quién le puede gustar algo que te mata? Pero bueno, a esa edad la gente aún no sabe los peligros que puede conllevar el hecho de fumar. Lo grave es cuando se es más mayor y cuando se informa de tales peligros... y siguen fumando.

Dan igual verdades como templos, verdades como que el tabaco produce, a corto plazo, mal aliento, que las uñas, las manos y los dedos se vuelvan amarill@s, que, en mujeres embarazadas, afecta terriblemente al bebé, que altera la voz haciendo toser más, provocando afonía y ronquera, que dificulta hacer deporte, que deteriora el gusto y el olfato, y que es uno de los principales focos de la aparición de celulitis en mujeres.

Dan igual verdades como que, a medio plazo, destruye los pulmones hasta tal punto que, en casos extremos, impide limpiarse la nariz, que destruye la mandíbula por culpa del sarro, la estomatitis y la gingivitis que produce la nicotina, que produce caída del pelo, la aparición de caspa, que la piel pierde su color natural, que produce impotencia sexual, que produce enfermedades del corazón como arritmias, infartos y, en algunos casos, muerte súbita.

Dan igual verdades como que, a largo plazo, fumar produzca cáncer de pulmón, de laringe, de lengua, de boca, de faringe, de glándulas salivales, de vejiga, de riñón o de estómago, que fumar produce enfisemas, es decir, daño irreversibles en las bolsas de aire de los pulmones que se inflan de manera excesiva. Y da igual que digas que fumar puede producir daños en el cerebro como la muerte de una parte, produciendo hemiplejia (parálisis de un lado del cuerpo), apoplejía (parálisis cerebral), paraplejia (parálisis de la parte inferior de cuerpo), etc.

Da igual. La gente seguirá fumando. Y lo más gracioso de todo es que, a pesar de que tú les adviertas de estos peligros, te soltarán expresiones como “bueno, de algo tenemos que morir, ¿no?” o “ya, pero es por necesidad” o “sí, pero fulanito ha vivido tantos años y fumaba” etc. No sé que expresión me hace más reír... por no llorar. La primera es de un egoísmo infinito. Es decir, por esa misma regla de tres, ¿por qué no hacemos puenting sin cuerda? o ¿por qué no nos cortamos las venas? De algo tenemos que morir, ¿no? Pero, claro, de esta forma veríamos con claridad que nos matamos. Fumando, no. Pero el final es el mismo. Y fumando no sólo nos hacemos daño a nosotros, sino también a todo aquel que nos rodea. Por el hecho de que le estamos perjudicando su salud con el humo del tabaco y por el hecho de que la muerte de un ser querido produce mucho dolor. Yo sugiero que la próxima vez que alguien vaya a decir “bueno, es que de algo tenemos que morir, ¿no?” piense un poco en sus seres queridos, en sus padres, hermanos, hijos, primos e, incluso, en sus amigos y se diga “¿de verdad que da igual que muera más pronto o más tarde?” Quizá se sorprende a sí mism@. La segunda creo haberla contestado con anterioridad. ¿De verdad es necesario intoxicarse de tal manera? ¿De verdad es necesario tener el riesgo de contraer esa ristra de enfermedades? Si cada vez que un fumador/a fuera a encender un cigarrillo pensara en la cantidad de diversas enfermedades que puede coger, inmediatamente lo apagaría. Lo malo es que pocos lo piensan. Esos pocos somos los no fumadores. La tercera, por último, tiene poco que decir. Fumar es como una ruleta rusa. Lo malo es que esta ruleta está trucada y en el 99% de las veces gana la banca. Sólo hay un 1% de probabilidades de salir venciendo. Lo malo es que, en esta ocasión ganar significa vivir y perder, morir. Y si ese 1% es noticia es, precisamente, porque no es lo habitual. Sino, como se dice en el mundo del periodismo, no sería noticia.

Podría seguir mucho más con este artículo, pero me temo que la mayoría de los que habéis comenzado a leerlo o bien lo habéis dejado por la mitad o bien ni siquiera habéis leído más de dos líneas. Pero bueno, aquí pongo yo mi granito de arena para a ver si, de una vez por todas, la sociedad se da cuenta de lo nocivo que es realizar según qué acciones. Espero que esto sirva de algo. Espero que alguien lo haya leído entero. Si ese alguien eres , gracias.

Por último, sólo me queda recomendar (nunca exigir) a todo aquel que fuma que, por favor, por su bien y por el de los que le rodean, deje de fumar. Hará un gran bien a todos.

viernes 8 de agosto de 2008

Lo que hace el aburrimiento.


Ayer, jueves, 7 de agosto, se reunió en la sede del PP de la calle Génova de Madrid, el Comité de Seguimiento de la crisis económica. La de ayer fue la segunda reunión en dos semanas de este comité que han creado los populares para "dar soluciones a la crisis", "proponer medidas" y "ayudar al Gobierno". Dicho comité está constituido por los altos cargos del PP en materia económica, así como los portavoces de economía del partido.
Teóricamente, este comité, podría servir de gran ayuda al Gobierno gracias a las grandes figuras que hay en él, hombres como Manuel Pizarro o Cristóbal Montoro, entendidos en economía y en solucionar problemas económicos.

Pero, ya digo, teóricamente. La primera de estas reuniones, la de la semana pasada, sirvió para que los populares propusieran medidas como la "austeridad en el gasto público" y, sorprendentemente, reducir, también, el gasto social, propuesta que venían anunciando desde hace tiempo.
Si la reunión de la semana pasada deja mucho que desear, la de esta semana es para caerse de espaldas. Engalanados al más puro estilo "Miguel Sebastián", es decir, sin corbata y en mangas de camisa, estuvieron varias horas analizando datos como el paro, el índice de producción industrial, etc. y llegaron a una conclusión: la de que "el Gobierno no está". En la comparecencia que hubo después de la cumbre, María Dolores de Cospedal, Secretaria General del PP, no anunció ninguna propuesta nueva, lo único que dijo es que su partido "está trabajando este verano para buscar soluciones". Dijo que quieren audar a los españoles a solucionar esta crisis, que "tenemos un Gobierno que no se quiere dejar ayudar" y también que "el Gobierno no está y no se sabe cuándo va a estar". No sé si es más sorprendente o lamentable. Que el principal partido de la oposición cree un comité de seguimiento de la crisis económica me parece de maravilla, es más, les aplaudo por hacerlo. Pero que lo usen como arma de desgaste del Gobierno, sin proponer medidas y diciendo cosas como que "el Gobierno no está" es simplemente lamentable. Me esperaba más de ciertas mentes pensantes, la verdad.

Sobretodo porque han esperado a inaugurar el comité en agosto, es decir, en el mes de vacaciones del Parlamento y en los dias en los cuales el Presidente del Gobierno está de vacaciones. Cosa, por otro lado, de lo más normal. Fijémonos, por ejemplo, en cuándo cogía las vacaciones estivales su tan querido, o no, ex-presidente Aznar: en agosto. Y echemos la vista atrás y fijémonos también dónde estaba el ministro competente en la crisis del Prestige, Álvarez-Cascos: de caza. Pero claro, ahora ellos dirían que eso es mirar al pasado y que lo que importa es el presente. Pues el presente real es que el Gobierno sí está. En concreto, el mes pasado, comparecieron en el Congreso siete ministros, más de los que comparecían el mismo mes de cada año en las legislaturas "peperas". Pero si lo que se quiere saber es si están en agosto, según fuentes del Gobierno, almenos seis ministros más la vicepresidente María Teresa Fernández de la Vega están trabajando. Y el Gobierno, al contrario de lo que dice el PP, sí que propone. En concreto, y como ejemplo, ha propuesto medidas para que el petróleo nos salga más barato y para que gastemos menos en electricidad usando apareatos y bombillas de bajo consumo. El Gobierno viene diciendo desde hace tiempo que lo que no se tiene que reducir de ninguna de las maneral es el gasto público. Casualmente, lo que ahora dice el PP.
Además, el próximo jueves, el día 14, el Gobierno celebrará un Consejo de Ministros extraordinario con un único punto del día: la situación económica.
Por último, en la comparecencia que hizo ayer De Cospedal dijo que el Gobierno "debe generar confianza" en la economía porque los españoles la están perdiendo. La verdad es que diciendo cosas como que "el Gobierno no hace nada" o "el Gobierno no propone nada" o "el Gobierno no está" entiendo que la gente no confíe en la economía. Es que es para exiliarse a otro país.

No sé si eso es producto del aburrimiento o es una más de las mentiras que suele lanzar a menudo el PP con tal de desgastar al Gobierno. Esperemos que sea lo primero.

Así pues, yo le pediría a los señores del PP que, de verdad se pongan a trabajar y a proponer medidas, si las tienen, para hacer frente a la crisis. O, sino, que, por lo menos, no anden metiendo miedo a la gente diciendo que el gobierno no hace lo que sí está haciendo.