lunes, 4 de enero de 2016

¿Y ahora qué?



Ya lo hemos visto: la CUP, después de unas largas asambleas y de aplazar hasta el último día su decisión, ha optado por no investir presidente a Artur Mas. Las opiniones personales de cada uno con esta decisión ahí están, pero, ¿ahora qué puede pasar?

Por un lado, la CUP no ha dicho que no vaya a investir a absolutamente nadie de Junts pel Sí, sino que no investirán a Mas. Por lo tanto, si JxSí propone a una nueva persona es muy probable que salga investida. Pero, ¿lo harán? Es muy complicado. Primero, por el alta estima que se tiene a sí mismo Artur Mas, que le impide no ser candidato pese a que él mismo dijo que, en el momento que él fuera un impedimento para seguir adelante con el proceso, se pondría a un lado; y, por otro lado, porque a ERC no le interesa. Sí le interesa quemar la figura de Artur Mas y, con ello, quemar del todo a CDC para, en unas probables nuevas elecciones, ir por separado y ser la gran triunfadora.

Por otro lado, lo más probable: que JxSí se enroque en no proponer a nadie más aparte de Mas. En ese caso, nadie obtendría la mayoría simple que se necesita para ser escogido en segunda vuelta. Y, por lo tanto, se disuelve automáticamente el Parlament y se convocan nuevas elecciones.

(NOTA: se da por sentado que todos los miembros de la CUP  votarán al unísono pese a las fuertes discrepancias internas que ha habido estos días y que nadie se saltará la disciplina de voto).


¿Y qué puede pasar en estas nuevas elecciones? ¿A quién benefician? ¿Y a quién perjudican?

Junts pel Sí. Es harto probable que no se vuelva a reeditar la coalición. Primero, porque, pese a ganar, el 27S no dio el resultado esperado, perdiendo votos y escaños respecto a los resultados que habían sacado, por separado, ERC y CiU en los últimos comicios. Segundo, porque ya se vio en las generales del 20D que el bloque independentista se fracturaba presentando candidaturas separadas. Tercero, porque a ERC no le interesa: el 20D demostró estar muy por encima de CDC en cuanto a apoyos y eso les aúpa para erigirse en la primera fuerza independentista, superando al partido de Mas y haciendo posible que Junqueras, hipotéticamente, pueda ser investido President.

Es por ello que la más interesada en nuevas elecciones es ERC. Y no sólo en ello, sino en aguantar a Mas como presidenciable para que la gente dé por hecho que no se ha llegado a un acuerdo para seguir con el procés por su culpa. Se han “cargado”, por el flanco izquierdo, al PSC y a ICV y, por el flanco nacional, a CiU y, ahora también, a las CUP. Son los únicos que salen indemnes e inmaculados de todos estos 5 años de procés. Dependiendo de su auge y de lo que pueda hacer, sobre todo, Podemos, puede ser la primera fuerza en el Parlament.

Por el contrario, a CDC no le interesan nuevas elecciones, especialmente si no se reedita la coalición. El 20D ya comprobamos que pasó a estar por detrás, en votos y escaños, de Podemos, ERC y PSC. Y la bajada que pueden dar ahora puede ser aún más sonada, sólo salvable por el aura de mártir que se le puede infundir a Mas.

Ciutadans. Es a quien menos le interesan ahora unas nuevas elecciones. Sobre todo después del pinchazo que dio Albert Rivera el 20D lo que pronostica una bajada en cuanto a votos. Además, estas elecciones no se presentarán con el aura vital y dramática que tuvieron las del 27S por lo que no podrán hacer de polo de atracción del voto no independentista. Si a eso le sumamos que, en los últimos días de la campaña de las generales se destaparon como un partido claramente de derechas, es muy factible que pierdan el voto regenerador (en favor de Podemos), el voto socialista moderado (en favor del PSC) y el voto conservador que, recordemos, suele preferir estabilidad (en favor del PP). Con todo ello, C’s puede quedar bastante relegado.

PSC. Lo que pase con el PSC depende, y mucho, de lo que pueda pasar en Madrid con la formación de un posible Gobierno de Pedro Sánchez y de las tensiones internas del partido. Si el PSOE no hace Presidente a Rajoy (cosa que parece altamente improbable a día de hoy) y encabeza, finalmente, el Gobierno central esto le puede beneficiar, aunque también depende de lo que proponga Podemos y de cómo se mueva Pablo Iglesias. Y, sobre todo, puede salir beneficiado de la bajada de C’s y del retorno del voto tradicionalmente socialista que, el 27S, votó al partido naranja.

Catalunya Sí Que Es Pot. Puede salir beneficiado, y mucho. Incluso llegando a poder ser pimera fuerza. El auge en las pasadas elecciones generales que les llevó a ser la primera fuerza en Catalunya les puede aupar, también, a ganar en unas elecciones anticipadas. Pero ello también depende de varios factores: un discurso definido, contrariamente a lo que sucedió el 27S; lo que suceda en Madrid en las negociaciones entre Pablo Iglesias y el PSOE (y de la gestión que haga Pablo Iglesias de los diferentes Grupos Parlamentarios que previsiblemente tendrán) y de cuáles sean, finalmente las líneas rojas marcadas y el resultado del proceso de negociación; y si Ada Colau, finalmente, decide estar presente en estas elecciones (bien como candidata bien dando apoyo visible, cosa que no hizo el 27S). Esto último ya hemos visto que el 20D fue un factor clave para la victoria de En Comú Podem, sobre todo en el área de Barcelona, saliendo incluso en los carteles electorales.

Tengamos en cuenta, además, que el 20D, mucha gente que el 27S votó a la CUP, votó a En Comú. Y el desastre del partido de Anna Gabriel y compañía puede hacer que muchos de estos votantes vuelvan a decantarse por la formación morada.

PP. Es difícil empeorar el resultado que consiguieron tanto el 27S como el 20D, así que suena complicado que puedan bajar aún más. A mi parecer ya han tocado su suelo electoral en Catalunya y lo que pueden hacer ahora es, o bien mantenerse, o bien subir. Y suena incluso más probable esto último, sobre todo si tenemos en cuenta el probable desastre de C’s y el regreso de voto conservador a las filas populares.

CUP. Tenían una papeleta muy complicada: investir a Mas traicionando aquello que dijeron en campaña pero siguiendo adelante con el procés o no investirlo siendo coherentes con aquello que dijeron pero, por el contrario, dilapidar el proceso. Finalmente han escogido la segunda opción, lo cual no sólo ha hecho dejar el proceso herido de muerte sino, además, fracturar el partido. Prueba de ello es que, hoy mismo, Antonio Baños, el cabeza de lista de la candidatura el 27S, ha dimitido por no investir finalmente a Mas.

Cualquiera de las dos opciones les iba mal y con cualquiera de las dos opciones perdían votos. Pero, en mi opinión, perderán menos habiendo sido coherentes con aquello que dijeron durante toda la campaña. Pensemos que el votante de la CUP no se rige por expectativas electoralistas, sino por los planteamientos del partido. Por eso, si hubiesen traicionado aquello que dijeron durante toda la campaña, hubieran tenido un desastre mayor.



Ante todo, eso sí, lo que seguro ocurrirá será una bajada de la participación con respecto al 27S. Por diversos motivos: el primero de ellos porque son las cuartas elecciones en 5 años y el electorado, tanto de un lado como del otro, empieza a estar hastiado de que se vote tantas veces para, al final, no conseguir nada; segundo, porque estas elecciones, como he dicho más arriba, no llegarán con el mismo aura de vitales para el independentismo y, por tanto, no podrán activar tanto voto independentista (recordemos que, el 27S el lema era “El vot de la teva vida”. Si ya has emitido el voto de tu vida, ¿ahora qué te queda?), lo mismo que le ocurrirá al sector no independentista; y, tercero, porque empieza a haber la sensación de que, si esta vez no se ha conseguido nada en unas elecciones tan importantes que se consideraban incluso un plebiscito, ya no se podrá conseguir.

Esto simplemente es un análisis a dos meses vista, y aún quedan unos días (pocos) hasta que se pueda disolver definitivamente el Parlament, por lo que aún pueden pasar muchas cosas. Incluso, quién sabe, se puede llegar a un acuerdo entre JxSí y la CUP e investir a otra persona, pero ante todo este barullo que hemos tenido desde el 27S y en el que no se ha llegado a ninguna conclusión, me asalta una pregunta: ¿De verdad a ERC, a CDC y a la CUP, a todos ellos, lo que de verdad les interesa es la independencia o, por el contrario, es otra cosa?

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Análisis post 20D



Este pasado domingo 20 de diciembre fueron Elecciones Generales. Sí, por si no lo sabías, bienvenido al mundo real. Para aquella gente despistada o que haya pasado desde el sábado en una cueva, los resultados fueron los siguientes:

PP: 123 escaños con 7.215.530 votos (63 escaños menos y 3.615.163 votos menos que en 2011)
PSOE: 90 escaños con 5.530.693 votos (20 escaños menos y 1.443.187 votos menos que en 2011)
Podemos: 69 escaños con 5.189.333 votos (42 del partido y 27 de las diferentes confluencias: En Comú-Podem en Catalunya, Compromís-Podemos-És el Moment en la Comunitat Valenciana y En Marea en Galicia)
Ciudadanos: 40 escaños con 3.500.446 votos
ERC: 9 escaños con 599.289 votos (6 escaños más y 342.896 votos más que en 2011)
DL: 8 escaños con 565.501 votos (8 escaños menos y 448.762 votos menos que en 2011, cuando se presentó como CiU)
PNV: 6 escaños con 301.585 votos (1 escaño más y 21.935 votos menos que en 2011)
UP-IU: 2 escaños con 923.105 votos (9 escaños menos y 757.705 votos menos que en 2011, cuando se presentó únicamente como IU)
EH-Bildu: 2 escaños con 218.467 votos (5 escaños menos y 115.161 votos menos que en 2011, cuando se presentó como Amaiur)
Coalición Canaria: 1 escaño con 81.750 votos (1 escaño menos y 61.800 votos menos que en 2011, cuando se presentó como CC-NC-PNC)

Todos estos son los datos objetivos sacados de los resultados. Pero, cuál es la interpretación de estos datos? Vamos partido por partido (NOTA: sólo analizaré los más importantes, dado el desconocimiento de la realidad de algunos territorios y de algunos partidos nacionalistas en concreto):

PP: duro varapalo, aunque todo el mundo se lo esperaba. Las encuestas ya pronosticaban un descenso muy acusado de este partido que se ha acabado produciendo. El desgaste de los recortes, de medidas impopulares y de la gestión de gobierno ha hecho demasiada mella. 

El lado positivo de estos resultados, para el partido, es que han ganado las elecciones y, además, lo han hecho en la inmensa mayoría de provincias (excepto las 4 catalanas, las 3 vascas, 5 de las 8 andaluzas y Badajoz). Por lo tanto, son quienes tienen la obligación de intentar formar gobierno en primera instancia, como partido ganador de las elecciones. Por el lado negativo, precisamente, reside la dificultad de poder gobernar. De poder llegar a salir investido Presidente algún miembro del PP la legislatura sería muy inestable dada la gran dispersión de escaños que ha salido de las elecciones.

PSOE: mejores resultados de los previstos por las encuestas. Ninguna le daba 90 escaños, todas por debajo. Sin embargo, el voto oculto y los indecisos de última hora, en esta ocasión han beneficiado al partido de Pedro Sánchez. Aún así, es la primera vez que, habiendo perdido tantos escaños el partido del Gobierno, el principal partido de la oposición no sólo no lo haya aprovechado sino que, además, haya perdido también representación. Sin duda, el efecto Podemos le ha pasado factura, al igual que también algún voto se ha ido al sector Ciudadanos, aunque la táctica de las últimas semanas de escorar a este partido a la derecha le ha hecho recuperar posibles votantes naranjas. Sigue en caída libre desde el 2008 y falta por ver si este es su suelo electoral o si aún puede bajar más, aunque parece haber tapado algunas de sus vías de fuga de voto.

La parte positiva es que siguen siendo el principal partido de la oposición y, además, el principal partido de la izquierda. La parte negativa es que, precisamente, se desangra el partido por el lado de la izquierda. Ahora mismo tiene una patata muy caliente, porque es quien tiene la llave para poder formar gobierno, sea del tipo que sea, o bien no dar apoyo a ningún partido y que vuelva a haber elecciones.

Podemos: remontada inconclusa. Partían, al principio, en las encuestas, como cuarta fuerza y han ido remontando. Las últimas incluso les llegaban a dar muchos más escaños de los que han tenido finalmente y les situaban, incluso, como segunda fuerza, muy cerca del PP. A la postre, como partido, han sacado 42 escaños y, juntamente con las diversas candidaturas de confluencia, 27 más. En el Congreso falta por ver si formarán un único Grupo Parlamentario o si, como decían, formarán 4 (uno como partido y otro por cada confluencia). Y, además también, en el caso de que formen 4, si todos se regirán por las mismas directrices y tendrán disciplina de voto o, por el contrario, libertad de voto.

La parte positiva, sin duda, es que entrar con 69 diputados partiendo de 0 es un grandísimo resultado, habiendo ganado en 4 provincias y siendo la fuerza más votada en Catalunya y País Vasco (aunque en esta última CCAA logró más escaños el PNV). La parte negativa es que no ha conseguido aquello que se proponía: ser el PSOE, ser la principal fuerza de la izquierda. Además, como reto a tener en cuenta está, precisamente, el hecho de tener que gestionar 4 posibles grupos parlamentarios con la pluralidad que conllevan, sobre todo teniendo en cuenta que en dichas confluencias hay partidos nacionalistas e independentistas. De ahí que las primeras declaraciones que haya hecho Pablo Iglesias vayan en la dirección de que, sin referéndum de autodeterminación en Catalunya no habrá pacto con el PSOE, un guiño hacia Colau, Compromís y las Mareas gallegas.

Ciudadanos: el gran fiasco. Algunas encuestas lo situaban como segunda fuerza y a muy poco de poder, incluso, llegar a ser primera fuerza. De hecho, Rivera prácticamente se veía como Presidente. En cambio, las desafortunadas noticias y declaraciones de las últimas semanas no les han ayudado nada. Su postura en el tema de la violencia de género o decir que apoyarían un Gobierno del PP han hecho bajar su suflé y que posibles votantes de izquierdas voten a su partido original, el PSOE, o bien a la propuesta regeneradora de izquierdas, Podemos.

Como parte positiva, al igual que Podemos, tienen que haber conseguido entrar con 40 escaños partiendo de 0 es todo un logro. Como parte negativa, que teniendo en cuenta las aspiraciones que tenían estos resultados son un gran fracaso, más si tenemos en cuenta que no son la llave decisiva para formar un gobierno a dos bandas.

Unidad Popular-IU: los grandes damnificados del sistema electoral. Mientras que al PP un escaño le cuesta 58.000 votos a UP-IU le ha costado 460.000 votos. Han perdido votos en favor de Podemos y, además, han sido menospreciados en todos los debates que ha habido a escala nacional.

La parte positiva que tienen es que han hecho una muy buena campaña. Y que, además, teniendo en cuenta el auge de otro partido de izquierdas, han conseguido mantener representación en el Congreso.

ERC y DL: por un lado, ERC no ha conseguido su objetivo que era ser el partido más votado en Catalunya, aunque sí ha tenido un espectacular aumento de votos. Por otro lado, DL no ha conseguido soltar el lastre de los recortes en la Generalitat y de ser Convergència, por mucho que hayan querido enmascarar el nombre. En conjunto han conseguido 17 escaños de los 47 que se disputaban y un 31% de los votos. Y, además, han perdido 472.000 votos respecto a la candidatura de Junts pel Sí que presentaron a las elecciones catalanas. Muy lejos, por lo tanto, de la mayoría independentista que querían para entrar en el Congreso (NOTA: hablo de mayoría independentista, que es el factor diferencial de su programa, no de mayoría a favor del referéndum).


¿Y ahora, qué?
Con este panorama, se abren diversas posibilidades:

    1. Por un lado, la Gran Coalición, que se puede dar en dos situaciones diferenciadas: voto a favor de PP y PSOE a un candidato o candidata del PP, o abstención del PSOE que facilite la investidura. Por un lado daría cierta estabilidad dado que la suma de los escaños es muy grande y podría facilitar pactos de gran envergadura. Por otro lado, hoy por hoy, que el PSOE pacte con el PP y facilite que éste gobierne sería la muerte política del PSOE y le servirían en bandeja de plata a Podemos ser el referente en la izquierda. Se podría convertir en un PASOK griego y que Podemos fuese la Syriza española. Máxime cuando Pedro Sánchez llamó indecente a Mariano Rajoy en campaña y cuando se han hecho críticas tan duras a la gestión de estos 4 años de gobierno. Además, en los últimos días, desde el PSOE se ha repetido hasta la saciedad que no darán su apoyo al PP.

    1. Pacto a la portuguesa. Es decir, que se junten los partidos de izquierdas que no han ganado las elecciones y hagan Presidente al líder del partido de izquierdas más votado, en este caso Pedro Sánchez. Para ello no sólo necesitaría a Podemos, sino a UP-IU y también a los partidos nacionalistas vascos  y catalanes (PNV y ERC). Dado que el PSOE no está por la labor de facilitar el referéndum catalán, es complicado que se pueda dar este pacto, ya que parece ser que la condición sine qua non que Podemos marca para dar su apoyo es precisamente esta. Antes, incluso, que medidas de regeneración democrática o de impacto social, cosa que hace pensar que es más una estrategia a corto plazo para contentar a sus confluencias que no a largo plazo ya que estarían dejando de lado su principal razón de ser y eso podría hacer que, de perdurar en el tiempo y enrocarse aquí la cuestión y no avanzar en temas sociales, su voto se perdiera en favor del PSOE.

    1. Un Presidente independiente. Un caso que está empezando a plantear Podemos y que sería similar a lo que ya ha sucedido en Grecia o Italia. En ambos casos ya vimos cómo acabaron. El lado bueno es que ningún partido saldría perdiendo, en caso de tener que aplicar medidas impopulares, excepto aquel o aquellos que lo hubiesen promovido. El lado negativo es la legitimidad democrática que tendría al no haber sido votado en las urnas.

    1. Pacto de cambio y regeneración. Es decir, una suma de PSOE, Podemos y Ciudadanos. Abriría la posibilidad de que promovieran medidas de regeneración democrática que tanto se han proclamado. Pero aquí residen diversas dificultades: por un lado la línea roja que marca Podemos con el referéndum catalán que no aceptarían ni Ciudadanos ni PSOE y, por otro lado, lo complicado que sería que dos partidos de izquierdas impulsasen medidas con un partido de derechas.

    1. Nuevas elecciones. Es un escenario que nunca se ha dado pero que, por primera vez, tampoco se descarta. Dada la actual situación de posible ingobernabilidad si, transcurridos dos meses desde la primera votación de investidura, nadie ha salido elegido ni con mayoría absoluta ni con mayoría simple (más votos a favor que en contra), se convocarían nuevas elecciones. Es un escenario que, en principio, nadie desea, pero que sí que es verdad que favorecería a algunos partidos como el PP (normalmente el voto conservador suele ser voto que quiere tranquilidad y estabilidad. Muchos votantes del PP se han pasado a Ciudadanos porque pensaban que podía ser alternativa real de gobierno y, visto que no ha sido así, volverían al PP) y Podemos (dependiendo de cuál sea finalmente su estrategia y, sobre todo, la del PSOE podría quitarle aún más votos al partido de Pedro Sánchez y acabar de concluir su remontada).

A todo este análisis, además, hay que añadirle una coletilla: el Senado, ese gran olvidado. De los 208 senadores en juego el PP ha conseguido 124. Es decir, mayoría absoluta. Por lo tanto, y según la propia Constitución, para hacer reformas constitucionales se necesita, por lo menos, mayoría absoluta del Senado (art. 167.2). Es decir, todas aquellas reformas constitucionales que se querían plantear, hoy por hoy, es complicado que se realicen. Y, además, en caso que se forme un gobierno donde el PP no participe éste podrá hacer del Senado su fortín para obstaculizar la aprobación de las leyes que emanen del Congreso.

Estos han sido los resultados electorales y este mi humilde análisis. ¿Qué acabará pasando? Es tan incierto como inciertos podían ser los resultados electorales antes del 20D. De ahí que las empresas demoscópicas hayan tenido un fracaso tan grande a la hora de realizar encuestas. Lo que sí sabemos seguro es que se avecinan tiempos de diálogo y pacto, y que éstos no serán, para nada, sencillos. Hoy por hoy parece que llegar a un acuerdo será complicado, pero dos meses de negociaciones son muy largos y, lo que ahora son líneas rojas, en dos meses pueden ser líneas franqueables, siempre que haya voluntad de pacto. Bienvenidos a la fiesta de la democracia.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Quiero la independencia



Pues sí, quiero la independencia. Después de haberos estado dando la murga por las redes sociales diciendo que estaba en contra he reflexionado muy profundamente y me he dado cuenta que no, que lo que quiero es la independencia. Que el día 27 vamos a votar y es nuestra hora, es el momento de decir que nos queremos separar. Y que tienen razón aquellos que dicen que, en estas elecciones, depositaremos el voto de nuestra vida.

Porque es nuestro momento. Es la hora de decir que nos queremos independizar de chorizos y corruptos. De los de la trama Púnica, las preferentes y los de la Gürtel. De los de las ITV, el Caso Innova y el Cas Palau. De Bárcenas, de Granados y de Blesa. De Pujol, del 3% y de todas las sedes de Convergència que están embargadas. De los que se envuelven en banderas y exacerban el sentimiento patrio, unos diciendo que Espanya ens roba y otros diciendo que España es lo mejor, mientras tienen sus cuentas en Suiza o Andorra.

Quiero independizarme de todos aquellos que utilizan el anticatalanismo como arma electoral para ganar votos en Andalucía, Murcia o Extremadura. Pero también de los que utilizan el antiespañolismo para ganar votos en Girona, Berga o Vic.

Exijo ya la independencia de todos aquellos que han generado este clima de confrontación que hace que los que no pensemos de una determinada manera seamos tildados de fachas por los unos y de independentistas por los otros. A todos aquellos que se quieren cargar el término medio, aunque aquí estamos y resistimos. Porque el diálogo, el pacto y la reforma debería ser el camino.

Independencia de aquellos que manipulan la historia para confeccionarla a su gusto y manera tanto con los hechos de 1714 como diciendo que España es la nación más antigua del mundo. Hay que tenerlos bien puestos.

Independencia de medios de comunicación como TVE o TV3 que parecen más el NO-DO que un servicio público de información que pagamos todos y todas. Repito, todos y todas. Pero también de quienes dictan o quieren dictar a los medios qué contenidos tienen que dar y cuáles no. Porque un medio de comunicación tiene que ser ecuánime y hacer que se pueda escuchar la voz de todo el mundo, tenga la ideología que tenga.

Independencia de quienes se han cargado la educación y la sanidad. De los que lo han hecho desde el Gobierno central, pero también de los que lo han hecho desde el Govern porque, recordemos, estas competencias Catalunya las tiene transferidas. De los que cierran plantas de hospitales en pleno verano y de los que privatizan el Hospital Clínic mientras dicen que solos nos lo montaríamos mucho mejor. Hay que tener mucho estómago para decirlo. Pero independencia también de los que han aumentado la ratio de alumnos por aula, de Wert y su LOMCE y de los que quieren españolizar a los niños catalanes.

Independencia de los que nos quieren hacer creer que la independencia es magia y que todo lo soluciona. De los que niegan los riesgos que podría tener. De los que mienten para hacer más de color de rosa esa solución mágica diciendo que no saldríamos de la UE cuando los tratados, las resoluciones del Comité de las Regiones y los líderes europeos dicen que sí. De los que nos quieren hacer creer que el dinero nos saldría por las orejas y que tendríamos unos servicios con los que seríamos la envidia hasta de los países nórdicos.
Pero también de los que quieren quedarse inmóviles. De los que creen que este problema no va con ellos o de los que se piensan que utilizando la Constitución como sancta sanctorum ya es suficiente. Y de los que no quieren cambiar las reglas de juego. Hay que hacerlo, y ya estamos perdiendo demasiado tiempo.

Independencia de los que votan la reforma laboral y la amnistía fiscal juntos y luego se tiran la vajilla, la cubertería y la cristalería a la cabeza. De los que bailan y han bailado el agua a todos los gobiernos centrales, incluso los que decían que hablaban catalán en la intimidad cuando no era cierto, y ahora echan pestes de su legado. De los que nos envían a servir cafés a Londres y de los que, cuando los jóvenes no tenemos otra salida que la de irnos al extranjero, nos dicen que eso es movilidad exterior.

Independencia de los cobardes que se esconden en el número 4 de la lista electoral para no tener que rendir cuentas de la pésima gestión de su gobierno. Pero también de los cobardes que se parapetan tras televisiones de plasma para no tener que responder las preguntas de los periodistas sobre su, también, pésima gestión de gobierno.

Sí, quiero la independencia. Pero no de alguien que viva en Huesca, Almería o Badajoz. Gente con la que podría tener mucho más en común que con muchos catalanes. Sino de los arriba mencionados. De todos estos políticos y entidades que nos han llevado hasta este extremo. De todos los que gobiernan para unos cuantos y no para todos. De los que sólo tienen en la cabeza una bandera mientras el paro sigue estando por las nubes, mientras la pobreza infantil sigue estando a niveles inasumibles y mientras miles de familias no llegan a final de mes. De todos los que, en estas elecciones, no hablan de otra cosa que no sea independencía sí o no y no hacen ni una propuesta social para mejorar el presente de las miles de familias que lo están pasando verdaderamente mal. De todos ellos, independencia. Pero no porque me largue yo, que yo aquí estoy muy bien, sino porque los echemos a ellos. A todos. Bien lejos.

Independicémonos. Liberémonos de ellos. Y constuyamos, entre todos, juntos, una Catalunya mejor. Más social, más justa, más igualitaria. Y hagamos, también entre todos, una España diferente, donde todo el mundo tenga su lugar.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Quiero votar



Aunque, lo admito, ayer no voté. Por diversas razones, todas muy personales e igual de respetables que las de las personas que sí fueron a votar por una u otra opción. Pero no fui a votar porque no estoy de acuerdo en cómo se han llevado las cosas tanto desde un lado como desde el otro. No me siento cómodo con una consulta (o proceso participativo, como guste llamarlo) donde todo el que la organiza está a favor de una de las opciones. No me siento cómodo con una consulta donde el gobierno, la televisión pública y la radio pública trabajan para favorecer a una de las opciones. No me siento cómodo con una consulta en la que las personas que están en las mesas electorales son de una de las opciones y donde, además, no hay listas, no hay censo, no hay interventores y no hay nadie que vele para que sea un proceso limpio. No me siento cómodo con una consulta donde, de antemano, ya se sabe qué opción saldrá y, aproximadamente con qué porcentaje de apoyo (de hecho, hace unos días pronostiqué que irían a votar unas 2.150.000 personas y que el Sí/Sí saldría con un 80% de los votos y de poco me he equivocado).

Y, como yo, cientos de miles de catalanes y catalanas tampoco fueron a votar. Muchos de ellos por las mismas razones. E, incluso, algunos de los que fueron a votar lo hicieron en blanco o de manera nula por los mismos motivos.

Pero ello no puede hacernos menospreciar el hecho que se produjo ayer y, aún menos, el resultado. Queda demostrado que, sea por una o sea por otra opción, la población de Catalunya quiere votar. Prácticamente no queda nadie hoy por hoy que crea que la solución no pase por ir a las urnas. Y la demostración de fuerza y de músculo que la sociedad catalana hizo ayer es una prueba. Y un aviso más a Rajoy de que la táctica del dolce far niente y de dejar que el adversario muera por agotamiento no funciona. De hecho, cuanto menos caso le haces, Mariano, más se moviliza. Y si el poco caso que le haces es para prohibir, peor. Dicha táctica es posible que dé algún voto (de los cada vez menos que le quedan al PP) fuera de Catalunya pero, a la contra, hace un flaco favor a eso que tanto aman llamado “unidad de España” y, en definitiva, a la democracia. ¿No quedamos que “democracia” viene de “demos” y “kratos”, es decir, “poder del pueblo”? ¿Y votar no es darle el poder al pueblo?

Pero también es un aviso a Mas-Junqueras. No nos sirve una consulta cualquiera. Queremos una consulta de las de verdad. No nos sirve la desobediencia civil, así como el saltarse las normas. Cuando ha interesado CiU ha ayudado a gobernar a partidos estatales con las mismas reglas del juego que hay ahora. Las mismas que, desde que empezó a hacer recortes (recordemos, fue el primero en hacerlos en todo el Estado), resulta que ya no sirven. No nos lo tragamos.

La táctica victimista de Mas-Junqueras ha dado sus frutos durante un tiempo. De hecho, nadie se acuerda que allá por el 2011 cuando Mas hacía actos públicos la gente le abucheaba por los recortes. En cambio, ahora, la gente le aplaude. Nadie se acuerda que fue el primero en hacer recortes. Ni que CiU apoyó la reforma laboral. Tampoco que ERC ha aprobado  los presupuestos más antisociales de la historia de Catalunya bajo el mantra de “el fin justifica los medios”. Así como, tampoco nadie, se da cuenta de algunas (de las pocas) cosas que hace el Govern (con el apoyo de ERC) mientras nos entretiene con el proceso. Nadie se ha enterado, por ejemplo, que la Conselleria de Salut pretende vender nuestro historial médico a las farmacéuticas y aseguradoras. Nadie se da cuenta de los millones que se dan cada año en subvenciones a medios de comunicación privados mientras se cierran plantas de Sant Pau, la Vall d’Hebrón o mientras se privatiza el Hospital Clínic. Esta táctica ha ido bien durante un tiempo, pero no hay que sobreexplotarla. Básicamente porque la sociedad ya está suficientemente fracturada y el nivel de “conversión” de la gente al independentismo, bajo mi punto de vista, ha llegado a su máximo posible (de hecho, si comparamos los votos de ayer al Sí/Sí con los votos a partidos independentistas en las elecciones del 2012 son prácticamente los mismos, máxime si contamos con que, ayer, podían votar, además, menores de edad hasta 16 años y, también, extranjeros).

Lo importante del 9N es que, después, viene el 10N. Y a partir del 10N es cuando debe renacer la política. Las reglas del juego no son inamovibles, se pueden modificar. Es más, se deben modificar. La sociedad cambia, avanza, y las normas deben ir en consonancia con ese avance. Ha quedado demostrado que, si un pueblo quiere votar, votará. Que eso de someter a alguien a la fuerza ha quedado demasiado anticuado y ya no nos sirve. Si queremos compartir techo debemos crear unas condiciones que nos satisfagan a todos. Que si estamos a la gresca, al final nos haremos daño.

Basta ya de dejarse de mirar de frente. Tanto los unos como los otros. Siéntense y dialoguen. El pueblo quiere decidir, así que déjenle decidir en unas condiciones justas y limpias. En una consulta legal que el Estado no impugne, sí. Pero con un debate de fondo donde la televisión y la radio públicas sean neutrales; donde se debata y se vislumbre cuáles son los agravios que hemos sufrido pero, también, qué tenemos gracias a estar dentro de España; donde el Govern procure que el debate y, sobre todo, el proceso de votación, sean justos y ecuánimes.

Compartamos techo, o no, es una decisión libre que individuos libres deben decidir. Pero hagámoslo. Porque, mientras estamos imbuidos en este debate, también hay otro que debería tener tanta atención o más, y que no la tiene. El de la fractura social y económica. El de la población desahuciada. El de la pobreza infantil. El del paro juvenil. El debate verdaderamente importante que a algunos ya les va bien tapar. Los mismos que ilusionan con una Ítaca de ensueño.