miércoles, 17 de junio de 2009
La sanidad norteamericana: ¿modelo a seguir o modelo de marginación?
sábado, 14 de febrero de 2009
El futuro sanitario.
El sistema sanitario español se encuentra en un momento el cual podríamos denominar “crítico”. En un período de crisis económica, en el que el sistema económico tanto español como mundial no es nada bueno, se pretende que la sanidad pública española continúe ofreciendo las mismas gratuidades o, incluso, más servicios gratuitos. Ese montante económico no es posible de asumir por las arcas públicas, debido al fuerte gasto que ya realizan en este servicio.
La sanidad es el servicio público al cual se destina una partida presupuestaria mayor y, aún y así, debería tener una mayor financiación para dar un servicio más acorde a las necesidades de la población. Es por ello que se han dado dos alternativas al sistema sanitario español actual: el copago y el sistema mixto, o lo que es lo mismo, o un sistema en el cual tienes que pagar un precio simbólico sobre el servicio que consumes, o bien un sistema en el cual es una empresa privada quien construye y gestiona los hospitales hasta que tiene beneficios y, entonces, son traspasados al gobierno autonómico.
Países como Finlandia (país puntero en sanidad y bienestar social), Alemania o Suecia tienen un sistema de sanidad con copago y son de las mejores sanidades de Europa y del mundo tanto en el ámbito de los profesionales (médicos, farmacéuticos…) como en el de los usuarios. Y, ¿por qué no se implanta aquí también un sistema así si es tan bueno? Por el profundo rechazo que provocaría en la masa social el hecho que ahora, por un servicio público como la sanidad, se tenga que pagar mientras hasta ahora ha sido gratuito. Pero, más que nos pese, si queremos seguir teniendo un sistema sanitario de calidad, equitativo y eficiente, tenemos que hacer un esfuerzo. Y, si ese esfuerzo es económico, se tendrá que hacer. Lo que no es posible es que queramos tener lo mejor y que, además, sea gratis.
Otro “punto negro” que resolvería este sistema sería la masificación. En España se va al médico una media de casi 10 veces por persona y año, muy por encima de la media de los países de la OCDE, donde van 6,8 veces. Según los expertos, nos estamos convirtiendo en una sociedad medicodependiente. A veces vamos al médico por el simple hecho de que es un servicio gratuito y eso repercute mucho en las arcas de la sanidad pública española. En cambio, con el sistema de copago, el hecho de pagar cada vez que se va al médico o al hospital, haría que la gente se lo pensara mejor y eso contribuiría a la reducción de la masificación en ambulatorios y urgencias hospitalarias.
El sistema mixto, por otro lado, consta de hacer que una empresa privada construya y gestione los hospitales y los centros de salud de un ámbito geográfico determinado por un determinado periodo de tiempo. A cambio, el gobierno autonómico, paga lo que se llama, el sistema capitativo, es decir, una cantidad de dinero fija por cada usuario adscrito a esa zona, independientemente del uso que hagan del servicio. Al finalizar ese período de tiempo, la concesión la toma el gobierno autonómico. Este modelo se lleva implementando en la localidad valenciana de Alzira desde hace diez años y se ha extendido por más zonas valencianas e, incluso, por la Comunidad de Madrid.
El objetivo de este sistema es trasladar la eficiencia del sistema privado al sistema público y, también, sanear las arcas públicas y aliviarlas del gasto que supone construir y gestionar hospitales.
Pero, los detractores de este sistema argumentan que, a raíz de aquí, se puede ir a un estado de privatización de la sanidad. Además, sostienen que este sistema tampoco es tan barato para las arcas públicas.
Aún y así, un estudio de la propia Generalitat Valenciana dice que gran parte de los usuarios, el 91%, valora muy satisfactoriamente el sistema de gestión mixto.
En mi opinión, tanto debe importar el nivel de satisfacción que den los usuarios al sistema, como el dinero que se ahorren las arcas públicas, y más, en tiempos como los actuales, marcados por la crisis económica y financiera. Así pues, según mi opinión, el sistema que mejor se adapta a este entorno es el del copago.
Un sistema donde se tenga que pagar un precio simbólico, no abusivo, a cada paciente por el hecho de ir a consulta y que, con este dinero se autofinancie la sanidad, es una buena medida para dar un respiro a la financiación sanitaria y, de paso, descongestionar las consultas de los médicos y de los hospitales. Gente que va al hospital porque simplemente tiene un resfriado se lo pensaría mejor a la hora de ir e iría, seguramente, a los centros de atención primaria.
jueves, 27 de noviembre de 2008
A vueltas con Bolonia.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Crónica de lo que fue y no tuvo que ser.
jueves, 4 de septiembre de 2008
¿Quieres morir?
Sí, ya sé que suena muy chocante el título de éste artículo, pero cuando lo lean sabrán por qué lo he puesto. La verdad es que no sé por dónde comenzar el artículo. Posiblemente sea el que más me cuesta comenzar. Y posiblemente será el que más gente odiará. Es más, después de leerlo, algunos de los que lo lean me odiarán un poquito más de lo que ya lo hacen.
Este artículo trata sobre la rabia que me da ver a la gente que aprecio y que quiero autodestruirse sin más, porque les gusta o por, lo que algunos llaman, “necesidad”. Me refiero al hecho de fumar.
Según unos estudios realizados por diversas empresas, la gente empieza a fumar cada vez más pronto, a los 13 años. Y yo me pregunto: ¿por qué? ¿qué necesidad hay de que se autoinfrinjan ese daño? Algunos lo hacen por hacerse el chulo, cosa, por cierto, estúpida a más no poder. Otros, afirman que lo hacen porque les gusta... a lo que mi alocada mente vuelve a la carga con otra sarta de preguntas como, por ejemplo: ¿a quién le puede gustar algo que está hecho con el mismo material con el que se hacen las calles o las ruedas de los coches, es decir, el alquitrán? o ¿a quién le puede gustar algo que te mata? Pero bueno, a esa edad la gente aún no sabe los peligros que puede conllevar el hecho de fumar. Lo grave es cuando se es más mayor y cuando se informa de tales peligros... y siguen fumando.
Dan igual verdades como templos, verdades como que el tabaco produce, a corto plazo, mal aliento, que las uñas, las manos y los dedos se vuelvan amarill@s, que, en mujeres embarazadas, afecta terriblemente al bebé, que altera la voz haciendo toser más, provocando afonía y ronquera, que dificulta hacer deporte, que deteriora el gusto y el olfato, y que es uno de los principales focos de la aparición de celulitis en mujeres.
Dan igual verdades como que, a medio plazo, destruye los pulmones hasta tal punto que, en casos extremos, impide limpiarse la nariz, que destruye la mandíbula por culpa del sarro, la estomatitis y la gingivitis que produce la nicotina, que produce caída del pelo, la aparición de caspa, que la piel pierde su color natural, que produce impotencia sexual, que produce enfermedades del corazón como arritmias, infartos y, en algunos casos, muerte súbita.
Dan igual verdades como que, a largo plazo, fumar produzca cáncer de pulmón, de laringe, de lengua, de boca, de faringe, de glándulas salivales, de vejiga, de riñón o de estómago, que fumar produce enfisemas, es decir, daño irreversibles en las bolsas de aire de los pulmones que se inflan de manera excesiva. Y da igual que digas que fumar puede producir daños en el cerebro como la muerte de una parte, produciendo hemiplejia (parálisis de un lado del cuerpo), apoplejía (parálisis cerebral), paraplejia (parálisis de la parte inferior de cuerpo), etc.
Da igual. La gente seguirá fumando. Y lo más gracioso de todo es que, a pesar de que tú les adviertas de estos peligros, te soltarán expresiones como “bueno, de algo tenemos que morir, ¿no?” o “ya, pero es por necesidad” o “sí, pero fulanito ha vivido tantos años y fumaba” etc. No sé que expresión me hace más reír... por no llorar. La primera es de un egoísmo infinito. Es decir, por esa misma regla de tres, ¿por qué no hacemos puenting sin cuerda? o ¿por qué no nos cortamos las venas? De algo tenemos que morir, ¿no? Pero, claro, de esta forma veríamos con claridad que nos matamos. Fumando, no. Pero el final es el mismo. Y fumando no sólo nos hacemos daño a nosotros, sino también a todo aquel que nos rodea. Por el hecho de que le estamos perjudicando su salud con el humo del tabaco y por el hecho de que la muerte de un ser querido produce mucho dolor. Yo sugiero que la próxima vez que alguien vaya a decir “bueno, es que de algo tenemos que morir, ¿no?” piense un poco en sus seres queridos, en sus padres, hermanos, hijos, primos e, incluso, en sus amigos y se diga “¿de verdad que da igual que muera más pronto o más tarde?” Quizá se sorprende a sí mism@. La segunda creo haberla contestado con anterioridad. ¿De verdad es necesario intoxicarse de tal manera? ¿De verdad es necesario tener el riesgo de contraer esa ristra de enfermedades? Si cada vez que un fumador/a fuera a encender un cigarrillo pensara en la cantidad de diversas enfermedades que puede coger, inmediatamente lo apagaría. Lo malo es que pocos lo piensan. Esos pocos somos los no fumadores. La tercera, por último, tiene poco que decir. Fumar es como una ruleta rusa. Lo malo es que esta ruleta está trucada y en el 99% de las veces gana la banca. Sólo hay un 1% de probabilidades de salir venciendo. Lo malo es que, en esta ocasión ganar significa vivir y perder, morir. Y si ese 1% es noticia es, precisamente, porque no es lo habitual. Sino, como se dice en el mundo del periodismo, no sería noticia.
Podría seguir mucho más con este artículo, pero me temo que la mayoría de los que habéis comenzado a leerlo o bien lo habéis dejado por la mitad o bien ni siquiera habéis leído más de dos líneas. Pero bueno, aquí pongo yo mi granito de arena para a ver si, de una vez por todas, la sociedad se da cuenta de lo nocivo que es realizar según qué acciones. Espero que esto sirva de algo. Espero que alguien lo haya leído entero. Si ese alguien eres tú, gracias.
Por último, sólo me queda recomendar (nunca exigir) a todo aquel que fuma que, por favor, por su bien y por el de los que le rodean, deje de fumar. Hará un gran bien a todos.
viernes, 8 de agosto de 2008
Lo que hace el aburrimiento.
sábado, 19 de julio de 2008
Vuelva usted mañana.
La energía nuclear lleva en caída libre muchos años. Aún así, se continúa sin dar el paso definitivo para cerrar estas centrales que hacen más mal que bien, y apostar definitivamente por una alternativa a esta fuente de energía, como son las energías renovables (solar, eólica, térmica, etc.).
En julio de 2001, la Cumbre de Bonn del Convenio Marco de Protección del Clima estableció que la energía nuclear quedaba excluida de los mecanismos del Protocolo de Kyoto. Es decir, que quedaba fuera como “energía limpia”. Por ende, quedaba fuera de poder recibir las ayudas económicas y financieras que dispensa este Protocolo como, por ejemplo, poder exportar la tecnología a países en vías de desarrollo.
El quid de la cuestión del declive de la energía nuclear se remonta hasta el 26 de abril de 1986, cuando ocurrió la tragedia de Chernóbil. El día en que estalló el cuarto reactor de la central nuclear se supo, por fin, cuán peligrosas son las centrales nucleares. La nube de radiación que emanó la central nuclear se extendió por casi toda Europa. La ciudad de Chernóbil, que daba nombre a la central, fue evacuada en su totalidad y, aún hoy, sus antiguos habitantes, sufren las consecuencias del accidente. En la actualidad, en la ciudad sólo viven científicos especializados en radiación, para estudiar ésta.
Asociada a la problemática de la seguridad, encontramos la de los residuos radiactivos que desprenden las centrales nucleares. La radiación puede durar decenas de miles de años, puede provocar enfermedades varias tales como diversos tipos de cáncer en las personas y no se ha conseguido un sistema fiable y duradero para eliminarlos o, por lo menos, almacenarlos.
Posiblemente por culpa de los dos puntos anteriores, ahora ya nadie se decide a financiar proyectos nucleares pero, de todas formas, ciertos sectores, sobretodo empresariales, siguen empecinados en declarar a la energía nuclear como solución de futuro. ¿Por qué? Sobrevivir. No se sabe bien bien por qué. Pero es así. Por motivos económicos, políticos o los que sean... pero es así. Si no, no se entiende como centrales nucleares en tan mal estado como Santa María de Garoña, en Burgos, o Vandellós-2, en Tarragona, no se cierran de una vez. Sobretodo la segunda, después de haber visto, hace pocos días, que tuviera una fuga radioactiva (felizmente, sin consecuencias). Sorprende también la actitud del Centro de Seguridad Nuclear (CSN), que le permitió seguir con sus actividades aún con el riesgo que conllevaba.
Lo que tampoco se entiende es cómo estos sectores siguen con la patraña de que la energía nuclear es mejor que las energías renovables. Con el lema de “energía nuclear hoy, energía solar mañana”, parecido al “vuelva usted mañana” de Larra, se escudan los pro-activistas nucleares. Lema, por otra parte, que, afortunadamente, cala menos en la sociedad.
Ahora es el momento de elegir. El momento de elegir entre una energía que daña al medio ambiente emitiendo mucho CO2 al día o una energía limpia; entre una energía insegura y poco saludable para las personas o una energía que no contamina, que es segura y que no tiene posibilidades de fuga radioactiva; entre una energía muy costosa (construir una central nuclear cuesta alrededor de 3.000 millones de €) o una energía menos costosa (pasar a que toda la energía proviniera de energías renovables sólo costaría el 5% del PIB); entre la energía del ayer o la energía del mañana; entre la energía nuclear o las energías renovables.
Que se decidan ya, quienes lo tengan que hacer. Y que lo hagan bien.
Noticia relacionada:
http://www.greenpeace.org/espana/campaigns/energ-a-nuclear/greenpeace-y-la-energ-a-nuclea