Últimamente, mucha gente se está sumando al carro del
independentismo. Ser “indepe” está de moda y eso provoca que muchos, sobre todo
jóvenes, digan que también lo son y enarbolen la “estelada”. Lo fastidiado viene
después, cuando preguntas por qué se quiere la independencia. Ahí la cosa ya no
está tan clara. O, simplemente, se aducen motivos económicos como, por ejemplo,
el tan nombrado “Espanya ens roba” (España nos roba) en referencia a la diferencia
tan grande que existe entre lo que Catalunya aporta económicamente al Estado y
lo que, después, recibe. Pero, ¿es la independencia la mejor solución?
En mi humilde opinión, no.
Primero porque, para mí, cualquier opción que divida en vez
de sumar esfuerzos, no es buena. El independentismo se basa en la exclusión, en
un “no te quiero a mi lado”. Y, particularmente, en la actual situación de
crisis económica global, lo que hay que hacer es aunar esfuerzos para salir,
todos juntos, de esta coyuntura.
Segundo porque, económicamente, el independentismo catalán
ha pecado de victimismo. No es cierto que Catalunya sea la Comunidad Autónoma
que más aporta al Estado. De hecho, las que más aportan son Islas Baleares y
Madrid. Y Catalunya, la tercera. Y tampoco es cierto que sea la que menos
recibe. De hecho, es la décima en ese apartado. Además, Madrid aporta más que Catalunya y recibe menos y, por el momento, no veo quejas del pueblo madrileño y, mucho menos, que, por eso, se quiera la independencia.
Dejando de banda que el dinero que ha tenido y tiene
Catalunya se podría haber gestionado de otra manera más eficiente y
malgastándolo menos (tanto con los gobiernos de CiU como con los del Tripartit),
es cierto que Catalunya podría estar mejor si tuviera un trato mejor. Pero hay
otras opciones a la independencia, empezando por el tan nombrado pacto fiscal o
siguiendo por un Estado Federal: el País Vasco o Navarra gestionan sus propios
impuestos (el denominado “cupo”) y es perfectamente constitucional; y, en un
Estado Federal, cada Estado podría hacer y deshacer con su economía lo que
quisiera.
Tercero porque, dudo mucho que, con la independencia, se
solucionaran los problemas económicos. Todos los países, sean grandes o
pequeños, ricos o pobres, tienen problemas de índole económica en este momento.
Si eso es así, ¿qué puede hacer pensar que nosotros seríamos la excepción en
todo el mundo y que nuestra economía funcionaría a las mil maravillas? Tendríamos
que seguir importando productos básicos porque nosotros sólo producimos
agricultura y algo de industria (ojo, y que las empresas industriales no dirían
“oh, sí, ahora que Catalunya es independiente vamos allí a instalarnos” porque
prefieren irse a China o India porque les sale más barato producir allí) y la
independencia no nos asegura que no continuara habiendo recortes en sectores
sociales, dado que la derecha (CiU) tendría muchos números para seguir
gobernando.
Cuarto porque, concretamente el independentismo catalán,
basa algunos de sus puntales en mentiras históricas. Como, por ejemplo, decir
que Catalunya lleva 300 años de ocupación y represión. Echando la vista atrás y
estudiando un poco de Historia descubrimos que, lo que sucedió allá por 1714,
en la Guerra de Sucesión al trono de Castilla y Aragón (ojo, no fue una guerra
entre Catalunya y España y, de hecho, España aún no existía como tal) fue una
disputa bélica entre la casa de los Austrias y la casa de los Borbones. Por
causas que no vienen al caso, Catalunya se posicionó y luchó en favor de la
casa de los Austrias. Y perdió, llegando al trono un Borbón: Felipe V. Como en
todas las guerras que ha habido, hay y habrá, el perdedor siempre sufre una
pérdida de libertades y de derechos. Repito, como en todas las guerras.
Que, en aquella época se dijera que Catalunya estaba ocupada
y reprimida, lo acepto. Porque, además, era verdad después de la proclamación
del Decreto de Nueva Planta y de la construcción de un recinto miliar que
vigilaba la ciudad de Barcelona: la Ciutadella. Pero dicho Decreto ya no existe y la
Ciutadella, ahora, es un parque.
Quinto porque, personalmente, tengo demasiados vínculos con
otras regiones del resto de España como para querer desligarme de ellas.
Procedo de raíces andaluzas y un pueblecito de Aragón, Benabarre, es mi segunda
casa. Cualquiera que esté en mi misma situación podrá entenderme.
Sexto porque, en el actual marco de gobierno europeo no
tiene sentido la independencia. Europeamente hablando se quiere avanzar hacia
la unión política de todos los Estados de la UE y que haya un único gobierno
europeo. Si eso es así, ¿qué sentido tiene independizarse para, luego, volverse
a unir? Además, tengamos en cuenta que, para entrar a la Unión Europea, todos
los Estados miembros tendrían que estar a favor. Y dudo mucho que España lo
estuviese. Por tanto, nos quedaríamos fuera tanto del euro como de la UE, con
todo lo que eso conlleva.
Séptimo porque el propio movimiento independentista se
contradice. Uno de sus lemas es “tots units fem força” (todos unidos hacemos
fuerza). Y, si todos unidos hacemos fuerza… ¿para qué dividirnos?
Octavo porque, si se permite la independencia de Catalunya,
¿qué podría impedir, después, la independencia de las provincias de Tarragona,
Lleida, Girona y Barcelona y, luego, de Sant Adrià del Besós, Torredembarra,
Alfarràs, Rupit o Berga? ¿A que eso ya no mola tanto?
Noveno porque ¿y después qué? Siempre que preguntas a algún
independentista sobre un proyecto de futuro la respuesta es “primero la
independencia y, luego, ya veremos”. Pues mire, lo siento pero no. Cuando compro
un producto me gusta saber por qué y para qué lo compro, qué utilidad le voy a
dar, no comprarlo y luego ya veré qué hago con él. Y más si el producto es
político y afecta a todas nuestras vidas y nuestro futuro.
Personalmente, soy muy catalanista y defiendo la nación
catalana donde quiera que yo esté. Estoy a favor del derecho a decidir y que
sea el pueblo catalán quien, democrática y libremente, se exprese y decida qué
modelo de gobierno quiere y qué quiere ser en el futuro más inmediato. Pero
estoy en contra de una de las consecuencias que puede conllevar el derecho a
decidir: la independencia.
En un momento como el actual, de recortes en todos los
ámbitos y, especialmente, en los ámbitos sociales, tenemos que unirnos, aunar
nuestras fuerzas y luchar contra ello. No dividirnos. No tiene que haber lucha
entre pueblos, tiene que haber lucha entre clases.
A los diferentes gobiernos (central y catalán) ya les va
bien que se hable de independencia. Todo el tiempo que se hable de ello será
tiempo que no se hable de recortes. Y eso, ¿en detrimento de quién va? De todos
nosotros.
