martes, 3 de abril de 2012

Eurotrampa


Estos últimos días, y desde hace ya un cierto tiempo, venimos asistiendo a cómo tanto el Gobierno de la Comunidad de Madrid como el Govern de la Generalitat de Catalunya se dejan querer por el magnate Sheldon Adelson para que una de estas dos regiones sea la que acoja el complejo de ocio bautizado como Eurovegas.

Ayer tuvimos el último capítulo –hasta el momento– de este culebrón, el cual se desarrolló en la original Las Vegas. Enviados de ambos gobiernos fueron hasta la ciudad norteamericana para entrevistarse con dicho magnate y rebajarse (o venderse, como prefieran) hasta límites insospechados.

¿Por qué rebajarse? Porque está muy bien que el Eurovegas vaya a dar empleo a casi 200.000 personas. Pero… ¿a cambio de qué? Las contrapartidas que este “humilde” señor quiere no son pocas, a saber: exención fiscal (o sea, no pagar impuestos) durante dos años; no pagar tampoco las cuotas de la Seguridad Social de sus trabajadores durante los dos primeros años; supresión de la ley antitabaco; permitir entrar a menores de edad y a ludópatas; acabar con los convenios colectivos mediante una modificación del Estatuto de los Trabajadores; privilegios legales para la contratación de trabajadores inmigrantes; flexibilizar los controles ante el blanqueo de capitales (o sea, que la Policía haga “la vista gorda”); etc.

A todo esto un Gobierno con un poco de personalidad y dos dedos de frente diría que no. Pero no es el caso de Catalunya o Madrid. E, incluso, del Gobierno central. Es más, el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ya ha dicho que muchas de las leyes son revisables. .

¿Nos hemos vuelto locos? Ningún Gobierno debería venderse de la manera como Madrid o Catalunya se están vendiendo. Ni siquiera ante la suculenta oferta de creación de miles de puestos de trabajo en tiempos de crisis como los actuales. Hay que tener principios, y entre esos principios deben estar el ser íntegros y no aceptar paraísos fiscales y laborales al primero que pasa.

Es cierto que estamos en crisis, que hay un elevadísimo número de parados y que esos empleos irían de perlas. Pero ese no debe ser el modelo productivo y económico que debemos seguir. Nuestro modelo ha de ser de trabajo cualificado, de investigación y desarrollo. Es decir, no un modelo de “pan para hoy y hambre para mañana”, sino un modelo con el que se pueda crecer y seamos referencia europea y mundial.

Es hora de cambiar nuestro modelo. Pasar del ladrillo a la cualificación y la investigación, no del ladrillo al casino. Es el momento de hacerlo. Espero que nuestros Gobiernos sean lo suficientemente valientes como para escoger la vía correcta y no dejarse llevar por cantos de sirena.

jueves, 28 de abril de 2011

Lo que (no) debe ser una televisión pública.

Estos últimos días (bueno, a decir verdad ha sido desde siempre, pero estos últimos días se está intensificando en exceso) todos los catalanes podemos comprobar lo que no debe ser una televisión pública. Es decir, lo que es, en la actualidad, TV3.

Mi análisis y crítica no va dirigido a los contenidos de películas o series que la cadena pueda emitir, ya que la opinión sobre tales puede ser más o menos objetiva. A unos les gustará un tipo u otro y nunca nos pondremos de acuerdo todos sobre si son dignas de emisión o no.

A lo que me refiero es a la calidad periodística de dicho canal. Y, en especial, al apartado de los deportes. Si bien es sabido que Catalunya es más que un club (aunque algunos no lo tienen del todo claro), a la hora de la verdad, en la televisión pública (que, por lo tanto, pagamos todos), esta noción “ni está ni se la espera”, como diría aquél. Si ya es complicado ver u oír noticias sobre uno de los dos equipos de Primera División catalanes (el RCD Espanyol) ya es prácticamente imposible ver o escuchar ninguna mención a los dos equipos catalanes de Segunda División A (Girona i Gimnàstic de Tarragona). Y no continuemos bajando de categoría, que nos lanzamos hacia un agujero negro.

Evidentemente, solo menciono el fútbol, porque hablar de otro deporte es sorprendentemente difícil en la televisión pública. A no ser, claro está, que se haga referencia a alguna de las secciones que el FC Barcelona tiene en los diversos deportes. Entonces sí, ya sea baloncesto, hockey o balonmano, se habla. ¿Y el DKV Joventut, el Assigna Manresa, el Noia Freixenet, el Reus Deportiu, el BM Granollers, etc? No sabe o no contesta.

Doy por sentado que de todo en un apartado de noticias deportivas no se puede hablar todos los días. Pero una cosa es eso y otra cosa es hacer un monográfico de prácticamente 30 minutos sobre un Real Madrid-FC Barcelona (ida) de la Champions League. Vale que sea un clásico. Vale que sea la Champions. Pero no es motivo suficiente como para hacer un monólogo sólo de eso con la excepción de 15 segundos para explicar el partido Schalke 04 – Manchester United.

Por último, de las retransmisiones deportivas mejor no hablar. Da hasta repulsa ver el fanatismo con el que algunos periodistas de TV3 realizan la retransmisión de según qué partidos del FC Barcelona y con qué desprecio e, incluso, humillación tratan a según qué equipos rivales, en especial, al Real Madrid. Recordemos que se trata de periodistas que, si una cosa han de tener por cabecera, es ser imparciales. Y más si hablamos de una televisión pública, la cual, recordemos nuevamente, pagamos todos, incluso los seguidores de equipos como el Real Madrid.

Imagino que para paliar ese defecto, recientemente se ha puesto en marcha el canal Esport3 que, en teoría, da información sobre todos los deportes y sobre todos los equipos. Esperemos que esa sea la verdadera función del canal y que no se pervierta en un reguero de programas promocionales de la vida, obra y milagros del FC Barcelona.

En esencia, lo que quiero decir es que una televisión pública debe emitir contenidos con los cuales se puedan sentir identificados todos los que pagan ese canal y no sólo unos cuántos. Lo que no debe hacer nunca es fanatismo y apología de un club determinado. Eso no es un servicio público. Eso es ser la Secretaría de Comunicación de dicho club.

martes, 19 de abril de 2011

Lost (Perdidos)


A tientas. Sin rumbo fijo. Así es como está actualmente el Govern de Artur Mas. Salta a la vista que no tienen una idea clara de qué hacer con Catalunya, a pesar de lo –supuestamente– claras que tenían las ideas antes de llegar al poder.

Los primeros cien días del Govern de CiU se han caracterizado por continuos despropósitos. Primero fue la matización de que la zona de restricción de velocidad a 80 km/h alrededor de Barcelona no se podría eliminar del todo puesto que la contaminación no lo permitía (¿y eso no se sabía antes?). Actualmente no se sabe a ciencia cierta si se podrá quitar definitivamente debido a los continuos cambios de opinión que ha tenido el Govern al respecto. Otros ejemplos son, por ejemplo, que el Grupo Parlamentario de CiU en el Congreso votara justamente lo contrario que el Govern, más tarde, dijo sobre la enmienda que favorecía a los concesionarios de coches respecto a los fabricantes. La independencia no se libra, puesto que no es solo que CiU no tenga una posición clara al respecto, sino que la propia Consellera de Justicia, la desconocida Fernández Bozal, primero estaba en contra (condujo un recurso contra la primera consulta independentista donde lo comparaba con dar apoyo a los etarras) y ahora se muestra a favor.

Siguiendo con la lista podemos continuar, por ejemplo, con los continuos recortes que se están haciendo desde las diversas consellerías del Govern. Recortes que afectan a los pilares básicos del Estado del Bienestar como son educación y sanidad. Recortes que, muchos de los cuales, son enmascarados bajo la etiqueta de “tenemos que hacerlo porque no tenemos dinero” pero que responden a la voluntad intrínseca privatizadora que tienen todos los gobiernos de derechas.

No me creo yo que se tengan que hacer tantos recortes ni tampoco que la Generalitat tenga tan poco dinero, máxime cuando se están eliminando impuestos que generan bastantes ingresos a la Generalitat como son el de sucesiones y donaciones (la Generalitat dejará de recaudar algún que otro centenar de millones de euros) y la rebaja, que ha planteado en los últimos días el Conseller Mas-Colell, del Impuesto del IRPF para las clases altas (con lo que la Generalitat también dejaría de ingresar cientos de millones). Ahora, el propio Conseller ha dicho que, al final, no se rebajará. Otro despropósito más.

Si, de verdad, la Generalitat no tuviese dinero sería de cajón no cortar aún más los ingresos que recibe porque, si no, aún tendría más problemas económicos.

A todo esto, el President Mas dice que si el Estado le ingresara los 1.450 millones de euros que le debe del Fondo de Competitividad, los recortes no tendrían que ser tan grandes. Y yo me pregunto una cosa: ¿y no podrían ser también menos los recortes si el Govern no hubiera suprimido o quisiera rebajar estos impuestos? Por poner un ejemplo, si no se hubiera eliminado el Impuesto de Sucesiones, no sería necesario hacer recortes en varios hospitales de Catalunya como el de la Vall d’Hebrón.

¿Es necesario dar ventajas económicas y fiscales a los ricos mientras a la clase media y a la clase baja se le están recortando derechos sociales? A todo esto, ¿se tiene noticia de alguna medida que haya planteado CiU para impulsar el crecimiento económico de Catalunya? ¿Han tomado alguna medida anti-crisis, a parte de recortar servicios públicos?

El Govern ya tiene las primeras manifestaciones en contra poco después de haber cumplido los 100 días. Lo malo es eso, que aún nos quedan más de tres años de un Govern que está no perdido, no, está perdidísimo, no sabe qué hacer y lo único que se le ocurre es recortar servicios públicos.

lunes, 3 de mayo de 2010

Un sinsentido más.

En esta vida hay cosas muy difíciles de entender. Tal vez sea porque tenemos la profunda creencia en todo lo contrario a lo que tenemos ante los ojos o tal vez sea porque nunca nos imaginamos que ocurriría. No lo sé. Pero lo cierto es que sucede.

El ámbito en el que más cosas difíciles de entender suceden es el de la religión. El halo misterioso que envuelve a todo lo relativo con las religiones, cualesquiera que sean, hace que no podamos, en algunas ocasiones, llegar a entender si, de verdad, hay algo detrás o no. Quizá, también, porque la raza humana necesita agarrarse a algo, creer en algo, cuando te vienen mal dadas y no entiendes por qué suceden las cosas.

Pero no tan sólo en el ámbito supraterrenal es difícil entender todo lo incluido en el ámbito religioso. De hecho, incluso, sería más fácil entender y dar una explicación a lo supraterrenal que al resto de cosas relacionadas con las religiones.

Una de esas cosas difíciles de entender es todo lo relacionado a la indumentaria femenina islámica y su afectación en las sociedades occidentales de hoy en día. O, en otras palabras, el rechazo que se vive hoy en día a que las mujeres islámicas lleven velo. El último caso lo hemos vivido hace pocos días en un instituto de Pozuelo de Alarcón donde se expulsó a una niña por llevar el velo islámico. No entraré a discutir si, en casos como este, prima más el derecho fundamental que tenemos todos a la educación y que está recogido en la Constitución (“La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.”, artículo 27.4 CE) o el hecho de llevar a clase una prenda religiosa, puesto que cae por su propio peso que prima más la obligatoriedad de la educación que el llevar un trozo de tela en la cabeza.

Porque, a fin de cuentas, todo se reduce a eso, a un trozo de tela. El por qué lo lleve puesto ya es otro asunto, ya que el hiyab, o velo, es una prenda islámica que utilizan las mujeres para representar que son sumisas a Dios, no al hombre (que este es otro mito occidental: el hiyab no es un instrumento de sumisión de la mujer islámica al hombre, ya que el hiyab no es obligatorio llevarlo y, además, existen corrientes femeninas de apoyo a esta prenda como, por ejemplo, “Protect Hijab”, surgidas a raíz de la prohibición de llevar el velo en países como Francia o Países Bajos).

La respuesta más fácil a este asunto es decir que “la normativa del centro dice que no puede ir nadie que lleve la cabeza tapada”. En ese tipo de normas estoy medianamente de acuerdo, puesto que es de tener muy poco respeto el que el profesor esté explicando y se encuentre que en clase hay cuatro o cinco chavales que van con gorro o capucha, ya que es una actitud que denota poco interés. Pero, ante esa misma norma, ¿verdad que nadie se asombraría ni se rasgaría las vestiduras porque una monja con toca (el hábito que utilizan las monjas y que les cubre la cabeza) fuera al centro a dar una charla? La respuesta primera sería “es que es una monja”. ¿Y? ¿Acaso no está contraviniendo las normas del centro, que dicen que no puede ir nadie con la cabeza tapada?

El problema principal surge en la propia norma del centro (aunque, si ahondamos más, incluso se podría decir que el principal problema es que cada centro educativo tenga sus propias normas y que no sean iguales en todos los centros) puesto que, en un principio, se hizo para casos como los que he señalado antes: gorros o capuchas, sin pararse a pensar que hay religiones que utilizan como símbolo de pertenencia a dicha religión una prenda de vestir que cubre la cabeza. Por eso he dicho que estoy “medianamente de acuerdo” con la norma, porque debería exceptuarse que, en caso de que la prenda que cubre la cabeza sea religiosa, sí se pudiera acceder al centro. De lo contrario estaremos privilegiando, sin quererlo, una religión sobre otra (ya que sí que pueden acceder los niños que lleven cruces y no las niñas que lleven velo).

Así pues, el espíritu de esta reflexión viene a decir que no entiendo por qué un niño con cruz o una monja con toca sí que puede ir a un colegio y, en cambio, una niña con velo no, si todos son símbolos religiosos.

La solución al problema, aunque no lo parezca, es muy fácil: cambiar la normativa de según qué centros para que no puedan acceder a él chicos o chicas que lleven prendas que les cubran la cabeza, a menos que éstas sean religiosas. Es una solución fácil, rápida y sencilla que, a su vez, acabaría con este tipo de polémicas que lo único que hacen es avivar el fuego de según qué sectores contrarios a gentes provenientes de otros países, en especial, de países musulmanes.

Pero, para hacerlo, hace falta voluntad, cosa que en este país, en muchas ocasiones, brilla por su ausencia.

martes, 11 de agosto de 2009

Adiós, Dani

Sábado, 8 de agosto. 22:30 horas. Me vienen a buscar tres amigos para salir por la noche por el pueblo. Al ver mi cara se sorprenden y me preguntan: “Andrés, ¿qué te pasa?” Después de que lo repitieran tres veces y, como pude, contesto lo que una hora antes me había dicho Stuart sorprendido en llamada telefónica desde Barcelona y que, después, pude corroborar escuchando la radio: “Dani Jarque, el capitán del Espanyol, ha muerto”. No me lo quería creer y sigo sin querer creérmelo. No podía ser que el chico al que había visto jugar hacía apenas cinco días, al que le habían dado la capitanía hacía apenas veinte días, al que le tocaba ser padre apenas dentro de un mes, hubiera muerto. No podía ser. No podía ser que uno de los mejores jugadores del actual Espanyol, un chico de apenas 26 años, un chico en plena forma, sano, fuerte, hubiera muerto. No podía ser. Pero era cierto. Al poco tiempo comienzan a llegar los primeros mensajes y llamadas de móvil, dando ánimos, de diferentes amigos: Alberto, Irina, Sònia, Adrià, Laia, Gemma, Magda… pero seguía sin querer creérmelo. E instantes después, como si fuera un presagio, comienza a llover muy fuerte. Tormenta. El cielo lloraba su muerte. Pero al igual que me daban señales de ánimo, también había quien, por egoísmo, falta de sentimentalismo o por algún motivo X, decían “¿y estás así por eso? ¡Pero si sólo era un futbolista!” No. No era sólo un futbolista. Aunque no lo conocía personalmente, lo había visto en directo en varias ocasiones y Dani se hacía querer aunque no lo conocieras. No era un simple futbolista de esos de los que se suele decir que “pasan por un equipo”. Dani sentía los colores y era de esos futbolistas que, como pasa también con Raúl Tamudo, todo niño sueña ser cuando sea mayor. Dani era un ejemplo de espanyolismo. Dani había pasado catorce años de su vida dedicándolas al Espanyol. Desde los 12 años. Era un ejemplo de saber hacer tanto dentro como fuera del campo. Por eso Mauricio Pochettino lo había designado capitán. Y es por eso que Vicente Del Bosque pensaba llamarlo este año a la Selección. Estaba considerado uno de los mejores centrales de la Liga española. Y junto con Nico Pareja hacían una dupla difícil de quebrar. Ahora esa dupla se ha quedado medio huérfana. La prueba de que no era tan sólo un futbolista la encontramos en que aficiones contrarias como las del Barcelona, el Real Madrid, Betis, Sevilla, Atlético, etc. han mostrado su dolor incluso yendo al improvisado altar que se le ha hecho en la puerta 21, el número de su dorsal, del nuevo Estadio de Cornellà-El Prat, el que él inauguró en el único partido en el que pudo ser capitán. El mismo Estadio que, estoy convencido, llevará su nombre. Se lo merece. Porque Dani lo ha dado todo, literalmente, hasta la muerte, por el Espanyol. Un paro cardíaco, de esos que no se pueden prevenir, se nos ha llevado a Dani Jarque. Un maldito paro cardíaco de un chico que está, perdón, estaba mucho más sano que muchísima otra gente que vive muchos más años. Un maldito paro cardíaco que se ha llevado a una buena persona, que nunca tenía un “no” cuando alguien se le acercaba por un autógrafo o una foto y que, aunque tímido, siempre respondía a las preguntas de los periodistas o siempre estaba dispuesto a salir en una rueda de prensa. Y ahora es cuando tanta gente se pregunta: “Si Dios existe, ¿por qué se lleva a personas como Dani, tan buenas, y deja a otras que sólo hacen mal a la sociedad?” Eso nunca lo sabremos. Hoy se abre la capilla ardiente en el nuevo Estadio con el cuerpo de Dani. Me gustaría haber estado. Pero no ha sido así. Así que, Dani, te dedico este escrito. Y ten por seguro que si marco algún gol (soy defensa, como tú) en el Campeonato de este verano, te lo dedicaré. Tenlo por seguro. Aunque sigo sin querer creérmelo. Quiero pensar que todo es una broma y que, la próxima vez que vaya a un entreno o a un partido del Espanyol, ahí estará Dani, con su pelo largo recogido con una cinta y su sonrisa detrás de la barba de unos cuantos días. Y que le pediré una foto junto a él y me dirá que “venga, va”. Y sé que estará. Aunque no de cuerpo presente. Pero estará. Porque él nunca nos abandonará. Descanse en paz Daniel Jarque. Eterno capitán. Eterno 21. Eterno Dani Jarque.

miércoles, 17 de junio de 2009

La sanidad norteamericana: ¿modelo a seguir o modelo de marginación?

Como todo el mundo sabe, en Estados Unidos hay la mejor sanidad (en términos de efectividad a la hora de curar), posiblemente, de todo el mundo. De hecho, cuando alguien está tan enfermo que es muy difícil su curación, el recurso suele ser irse a Estados Unidos, porque en este país suelen estar los mejores especialistas de todas las materias. No importa dejarse mucho dinero en el intento, porque sabes que si allí no te lo curan, con total probabilidad, lo que tengas va a ser incurable. Este sistema podría ser muy bueno y muy positivo si de él gozaran todos los habitantes de Estados Unidos. Pero no es así. El sistema sanitario norteamericano está hecho, más bien, para clases sociales con un cierto poder económico. Allí nada es gratis. Todo es privado. O pagas o no tienes derecho a la sanidad. Allí no tienen un sistema de salud como, por ejemplo, el Sistema Nacional de Salud de España. Y hablar de Seguridad Social es pedir demasiado. Pero, obviamente, todo puede cambiar. Aunque, en este caso, pocos visos de cambio se ven, a parte de algunas tímidas reformas, sobretodo por parte del Partido Demócrata cuando llega a la Presidencia de los EEUU. Porque, con el Partido Republicano, se podría aplicar aquel refrán que dice aquello de “no le pidamos peras al olmo”. Pero claro, es comprensible. Si miramos quién financia parte de las campañas electorales tanto de un partido como de otro, no es de esperar que en el ámbito de la sanidad no se desprivatice nada. Y esta financiación no viene de otro lado que de las empresas farmacéuticas, multinacionales, etc. Y, claro, sería un suicidio para el Presidente de turno, cuya campaña ha sido financiada por estas empresas privadas, hacer una ley cuyo objetivo sea desprivatizar este sector. ¿De dónde sacaría entonces la financiación? Además, hay que contar con que las clases más influyentes en el panorama norteamericano son estas mismas que financian las campañas electorales: empresas farmacéuticas, compañías de seguros... e, incluso, la patronal. Y estas clases son las que, precisamente, no quieren que se les vaya de la mano el negocio sanitario, aunque gran parte de la población (la que no tiene tanto poder económico) demande un servicio sanitario igualitario, eficaz y equitativo. Las empresas farmacéuticas no lo quieren porque así pueden competir mejor con sus rivales, es decir, si sacan un medicamento novedoso y muy bueno lo comercializarán a un precio al que puedan sacar los máximos beneficios posibles. Las compañías de seguros y la patronal por el hecho que cuando alguien consigue un trabajo tiene derecho a que él y su familia tengan seguro médico. Pero eso es un arma de doble filo, puesto que si pierden el trabajo, pierden también el seguro para el trabajador y su familia. Por tanto, la empresa puede garantizar la producción y el trabajador puede ver restringida la movilidad hacia otros empleos por miedo a perder la cobertura médica. Sin duda, todo esto tiene que cambiar. No puede ser que un país que dice tener la mejor sanidad, 46 millones de personas no tengan acceso a ella. Ahora Obama dice que quiere ampliar la sanidad a un espectro más amplio de la población. Que los norteamericanos recen para que lo consiga.

sábado, 14 de febrero de 2009

El futuro sanitario.

El sistema sanitario español se encuentra en un momento el cual podríamos denominar “crítico”. En un período de crisis económica, en el que el sistema económico tanto español como mundial no es nada bueno, se pretende que la sanidad pública española continúe ofreciendo las mismas gratuidades o, incluso, más servicios gratuitos. Ese montante económico no es posible de asumir por las arcas públicas, debido al fuerte gasto que ya realizan en este servicio.

La sanidad es el servicio público al cual se destina una partida presupuestaria mayor y, aún y así, debería tener una mayor financiación para dar un servicio más acorde a las necesidades de la población. Es por ello que se han dado dos alternativas al sistema sanitario español actual: el copago y el sistema mixto, o lo que es lo mismo, o un sistema en el cual tienes que pagar un precio simbólico sobre el servicio que consumes, o bien un sistema en el cual es una empresa privada quien construye y gestiona los hospitales hasta que tiene beneficios y, entonces, son traspasados al gobierno autonómico.

Países como Finlandia (país puntero en sanidad y bienestar social), Alemania o Suecia tienen un sistema de sanidad con copago y son de las mejores sanidades de Europa y del mundo tanto en el ámbito de los profesionales (médicos, farmacéuticos…) como en el de los usuarios. Y, ¿por qué no se implanta aquí también un sistema así si es tan bueno? Por el profundo rechazo que provocaría en la masa social el hecho que ahora, por un servicio público como la sanidad, se tenga que pagar mientras hasta ahora ha sido gratuito. Pero, más que nos pese, si queremos seguir teniendo un sistema sanitario de calidad, equitativo y eficiente, tenemos que hacer un esfuerzo. Y, si ese esfuerzo es económico, se tendrá que hacer. Lo que no es posible es que queramos tener lo mejor y que, además, sea gratis.

Otro “punto negro” que resolvería este sistema sería la masificación. En España se va al médico una media de casi 10 veces por persona y año, muy por encima de la media de los países de la OCDE, donde van 6,8 veces. Según los expertos, nos estamos convirtiendo en una sociedad medicodependiente. A veces vamos al médico por el simple hecho de que es un servicio gratuito y eso repercute mucho en las arcas de la sanidad pública española. En cambio, con el sistema de copago, el hecho de pagar cada vez que se va al médico o al hospital, haría que la gente se lo pensara mejor y eso contribuiría a la reducción de la masificación en ambulatorios y urgencias hospitalarias.

El sistema mixto, por otro lado, consta de hacer que una empresa privada construya y gestione los hospitales y los centros de salud de un ámbito geográfico determinado por un determinado periodo de tiempo. A cambio, el gobierno autonómico, paga lo que se llama, el sistema capitativo, es decir, una cantidad de dinero fija por cada usuario adscrito a esa zona, independientemente del uso que hagan del servicio. Al finalizar ese período de tiempo, la concesión la toma el gobierno autonómico. Este modelo se lleva implementando en la localidad valenciana de Alzira desde hace diez años y se ha extendido por más zonas valencianas e, incluso, por la Comunidad de Madrid.

El objetivo de este sistema es trasladar la eficiencia del sistema privado al sistema público y, también, sanear las arcas públicas y aliviarlas del gasto que supone construir y gestionar hospitales.

Pero, los detractores de este sistema argumentan que, a raíz de aquí, se puede ir a un estado de privatización de la sanidad. Además, sostienen que este sistema tampoco es tan barato para las arcas públicas.

Aún y así, un estudio de la propia Generalitat Valenciana dice que gran parte de los usuarios, el 91%, valora muy satisfactoriamente el sistema de gestión mixto.

En mi opinión, tanto debe importar el nivel de satisfacción que den los usuarios al sistema, como el dinero que se ahorren las arcas públicas, y más, en tiempos como los actuales, marcados por la crisis económica y financiera. Así pues, según mi opinión, el sistema que mejor se adapta a este entorno es el del copago.

Un sistema donde se tenga que pagar un precio simbólico, no abusivo, a cada paciente por el hecho de ir a consulta y que, con este dinero se autofinancie la sanidad, es una buena medida para dar un respiro a la financiación sanitaria y, de paso, descongestionar las consultas de los médicos y de los hospitales. Gente que va al hospital porque simplemente tiene un resfriado se lo pensaría mejor a la hora de ir e iría, seguramente, a los centros de atención primaria.

Ahora bien, este pago no debería ser el mismo para todo el mundo. Debería ir en función de la renta de cada persona. Es decir, aquel que tenga una renta superior, pagar más que el que tiene una renta muy baja. Así se podría cumplir con los principios de equidad y eficiencia.